Nayarit: un narcoejemplo

| Por Roberto Castelán |

Edgar Veytia se hizo famoso una vez que fue detenido por el gobierno de los Estados Unidos. Antes no. Antes simplemente era un buen ciudadano al que la suerte le sonrió cuado otro buen y humilde ciudadano llegó primero a la presidencia municipal de Tepic, y luego al gobierno de Nayarit.

Roberto Sandoval, el gobernador y Edgar Veytia, su flamante fiscal general, hicieron la mancuerna perfecta para combatir el crimen. La admiración que uno a otro se profesaban se materializó en regalos, en caballos, en ranchos, en automóviles, en armas. El destino –o la fortuna– llegan a unir a personalidades de gustos y aspiraciones comunes.

Ambos buscaban la felicidad de su estado. Y lo lograron. Como por arte de magia la delincuencia se acabó. Ladrones, halcones y sicarios desaparecieron de la noche a la mañana. En los pueblos nayaritas se respiraba una paz y tranquilidad nunca antes vista. La gente comenzó a mostrarse agradecida.

Al fiscal Veytia hasta corrido le hicieron: Edgar Veytia se llama el señor, con pistola al cinto y buenísimo para disparar, dice la canción en un video en donde aparecen las patrullas, los helicópteros y los cientos de hombres armados hasta los dientes dispuestos a dar su vida por los demás. Comandados, dirigidos por el fiscal general, por quién mas. Quién otro podía tener los arrestos para dirigir a toda esa fuerza armada al servicio de los ciudadanos.

En febrero llegó el presidente de México para felicitar a Roberto Sandoval y a su perro guardián Veytia: “Pero Nayarit es una evidencia de los buenos logros y resultados que hemos tenido en materia de seguridad”, dijo en febrero, orgulloso, el mandatario.

Y quién puede estar mas enterado en materia de seguridad que el presidente de México. Nadie. Él recibe directamente los informes del Cisen, de la Procuraduría, de los servicios de inteligencia de la Marina y del Ejército. Sabía bien de lo que hablaba cuando se refería a los buenos logros y resultados en materia de seguridad. Todos los informes que recibía de Nayarit llegaban pulcros, limpios. Puras buenas noticias. El crimen desapareció, los criminales también. Los ciudadanos podrían vivir tranquilos. Ya tenían gobernador. Ya había fiscal general buenísimo para disparar.

Probablemente, ante los buenos resultados, el presidente de México pensó en llevarse el modelo de seguridad nayarita a otros estados. Pero Veytia era único, irrepetible. Habrá que buscar en cada estado a alguien como él, con sus mismas cualidades. Y claro, también a un gobernador como Roberto Sandoval, decidido, que le gusten las mismas cosas que a su fiscal general.

Pero un día a los gringos les dio por arrestar en su país al benefactor nayarita. Lo acusan de narcotráfico. En gran escala. Dicen que el personalmente se encarga de todo el proceso: desde la producción, transporte, distribución y comercialización de la droga. Y no excluía, el mercado es amplio y diverso: cocaína, mariguana, metanfetamina y lo que no tenemos se lo conseguimos. El cliente gringo siempre tiene la razón. Paga bien y hay que chiquearlo.

Yo no sabía nada, dijo el gobernador montado en un caballo purasangre. De los que cría y vende, no es lavado de dinero, es un negocio decente, como lo era su fiscal general, en sociedad con el simpático Ezequiel Cheque Peña, conocido cantante nayarita que nada tiene que ver con los asuntos del narcotráfico. Por eso fue reconocido como visitante distinguido por el ayuntamiento de Guadalajara, sí, del vecino estado de Jalisco, porque es parte de la responsabilidad de los gobernantes “el atender a la gente que hace bien su trabajo…”

Nadie más ha dicho nada. Ni el presidente de México, ni el Cisen, ni la inteligencia de la Marina o del Ejército. Tan bien que iba todo. Quién sabe por qué tuvieron que venir los gringos a meter su cuchara. Querrán una parte del negocio.

Y a los nayaritas no les quedará otra mas que buscar a un ciudadano decente como el fiscal general Vieyra. Para que su seguridad siga garantizada.

Roberto Castelán Rueda
Profesor jubilado, doctor en historia y lector
de medios impresos a punto de extinción.

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