Nina en Guadalajara

Hace unos días, el 21 de abril, se cumplieron 14 años de la muerte de Nina Simone, una de las grandes fuerzas creativas del mundo más allá de cualquier clasificación estilística. Definir a esta artista es una labor inútil: la variedad de sus registros musicales la coloca como una personalidad aparte, compleja y contradictoria, pero siempre brillante e intensa.

Quienes hayan visto el documental de Liz Garbus What Happened, Miss Simone?, habrán testificado todo lo anterior y estarán de acuerdo en que la pregunta que le da título es más que pertinente: ¿Qué pasó con Nina? Una artista fenomenal que tuvo altibajos en su vida ocasionados por diversos motivos. Quiso ser la primera concertista clásica que tocara el piano en el Carnegie Hall y sorteó dificultades económicas para entrar a Julliard, la prestigiada escuela norteamericana de la que tuvo que salir por las mismas causas monetarias. No pudo ser concertista pues –como se narra en la película– la discriminación racial se lo impidió. Entonces abrazó el blues, el soul, el jazz y dejó salir todas las influencias musicales que la habían alimentado a lo largo de su vida, desde Marian Anderson y los spirituals negros hasta Duke Ellington y Bach. Como ocurre a veces, el reconocimiento a la gran Nina ha llegado con más fuerza después de su muerte. Se reeditan sus discos, circulan videos de sus presentaciones, se publican nuevas antologías, se le rinde merecida pleitesía.

Si bien en el documental aparecen emotivas escenas de sus presentaciones en vivo, en las cuales podemos constatar la intensidad y maestría con las que Nina Simone hacía música, también se le da mucha importancia a aspectos extramusicales que influyeron notablemente en su vida y contribuyen a responder a la pregunta del título: la segregación racial de la que fue víctima y que la llevó a involucrarse directamente en la lucha por los derechos civiles –y que la forzó a emigrar de su país–; su inestabilidad emocional y problemas de salud mental; la conflictiva relación personal con su hija Lisa –quien en la película no duda en calificar a su madre como “bipolar”–; la difícil relación con su esposo y mánager, Andy Stroud, quien por una parte la ayudó a proyectar su carrera, pero por otra ejercía violencia física contra ella; su exilio en Liberia, su estancia en París, durante la cual tenía que cantar en barecitos por unas cuantas monedas; sus mudanzas a Holanda y a Suiza. En fin, partes múltiples que ayudan todas a armar el rompecabezas de una personalidad compleja y genial.

Hoy es posible gracias a YouTube, Spotify y otras plataformas acceder a la mucha música de Nina Simone disponible y comprobar la maravilla que fue y sigue siendo como cantante, como pianista, como intérprete, como artista. Y también será posible pasado mañana escuchar las versiones que diversos músicos nacionales harán de las canciones que en su momento grabó Nina. Gracias a la gestión de Sara Valenzuela se llevará a cabo en el Teatro Torres Bodet el concierto Feeling Good, que por una lado es un homenaje a Nina Simone y por otro es un apoyo a la asociación Humanamente Voz Pro Salud Mental, institución admirable que se dedica a ayudar a personas con padecimientos mentales con la que, por cierto, también participaba activamente hasta hace unos días el llorado amigo y artista Gabriel Canales, de quien escribí hace poco en esta columna.

Iraida Noriega, Troker, Ugo Rodríguez, Omar Ramírez, Gris Piña, Abigail Vázquez y varios músicos más rendirán homenaje a su manera, este miércoles 26, a esta gran artista a quien vale la pena regresar una y otra vez.

Alfredo Sánchez
Acerca de Alfredo Sánchez 38 Artículos
Músico // periodista // hombre de la radio

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