No pude, no puedo

Foto @RubenSanchezTW

|Por Mauricio Ferrer|

No pude escuchar el audio de la nota del 19 de junio pasado de la agencia de noticias independiente estadounidense ProPublica, firmada por su reportera Ginger Thompson.

“Escucha a los niños que acaban de ser separados de sus padres en la frontera”, reza el título de la nota escrita por Thompson, que invita al lector a escuchar, de viva voz, la tristeza y el llanto que acompañan a los menores que han sido separados por sus padres cuando cruzan, de forma ilegal –según la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump- al país que promete “el sueño americano”, las cheeseburgers y paseos por Disneylandia.

Me puse los audífonos y le di reproducir al audio. No pasó ni un minuto. Tuve que pausarlo. Respiré profundo. Empecé a sentir un leve lloriqueo en los ojos. Volví a escuchar el material periodístico. Sucedió lo mismo. No pude. No pude siquiera llegar a la mitad. No pude aguantar los lamentos de esos niños. “Papi, mami”. “No quiero que deporten a mi papá”, se escuchó de la voz de alguno de más edad. “Aquí tenemos una orquesta”, dijo, de forma estúpida, quizá queriendo hacer alguna broma, un agente de seguridad.

Preferí leer la nota escrita de Thompson. Tampoco pude. No pude llegar a la mitad del cuerpo del texto. Pensaba en mi hijo, en mi hija, en mis sobrinos. Pensé en qué sería de ellos si me los quitaran y los pusieran en una jaula. Pensé en qué sería de mi mujer si le fueran separados. Pensé en qué sería de mí si no los tuviera a mi lado. Pensé en esas familias. Pensé en esos niños que durante días solo ven una malla ciclónica a su alrededor. Pensé en los besos y abrazos que les robaron. A ellos y a sus padres.

Un poco de historia de las políticas migratorias

La política migratoria de Donald Trump, quien responsabiliza a los demócratas de haber aprobado una ley que permite esa inhumana separación, rompe familias. Destroza al amor. Atenta contra la vida.

De acuerdo con el portal en su versión en español de la cadena BBC (el medio británico público) en 1997, el gobierno del demócrata Bill Clinton, firmó una ley que obligaba a que los niños que llegaran solos a su país, les fueran entregados a sus padres, a un custodio o a un familiar adulto.

Y en la administración del republicano George Bush, en 2008, se firmó otro documento, para que los migrantes menores que no estuvieran acompañados, fueran retirados, en no más de 72 horas, de los centros migratorios.

“Ninguna de estas normas recomienda que los niños sean separados de sus padres”, asegura la BBC.

Desde octubre de 2017, la medida trumpista comenzó a surtir efecto. A la fecha son alrededor de 2 mil niños los que han sido separados de sus padres. Familias que cruzan casi todo un continente con la esperanza de una mejor vida. Han huido de la pobreza, de la violencia, del narcotráfico, de la corrupción que impera en la región de América Latina, en la que se incluye México.

La mayoría de los casos de separación ocurrieron entre abril y mayo pasados. De acuerdo con el gobierno mexicano, de los casi 2 mil niños que están en las jaulas (como lo hemos visto a través de las fotos de la prensa nacional e internacional), al menos una veintena son mexicanos.

La Convención de los Derechos de los Niños de las Naciones Unidas, la cual cuenta con la firma de Estados Unidos desde 1989, surgió como un instrumento que salvaguarde y garantice la integridad de los menores, y que los Estados firmantes creen políticas públicas para tal fin.

Al ahondar en el documento de la ONU, uno puede percatarse claramente, que Trump lo viola de pé a pá. Viola los artículos 1, 2, 3…

La comunidad internacional ha rechazado la política de “tolerancia cero” del presidente estadounidense. Lo mismo ha hecho el gobierno de México, sin tanta eficacia eso sí. Y algunos candidatos han manifestado también su molestia; es momento de unidad, más que de encono.

No puedo con esa crueldad y deshumanización. No puedo concebir que quienes pugnan porque el derecho a la vida sea blindado desde la concepción ni quienes luchan por los derechos de otros seres vivos, hoy sean silenciosos. No me cae el veinte de una mayor exigencia del Estado mexicano al gobierno de Estados Unidos.

No puedo creer que esto suceda y que no se aprenda de la historia.

+ La continuación de la historia…

+La respuesta…

Mauricio Ferrer trabajó por más de una década en medios de comunicación nacionales y locales.

Hoy es servidor público.

Extraña mucho el sonido del teclado al momento de redactar datos, ideas, historias, pensamientos.

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