No te hagas, no te importa

Ya sé que están todos muy ocupados en mostrarse horrorizados con el graffiti en las columnas del Teatro Degollado pero, ¿saben por qué se llama graffiti? ¿De dónde viene? ¿Qué lleva a las personas a hacerlo? Y no, la respuesta no es “vandalismo malvado de adolescentes drogados que están en esa etapa hormonal, donde sus cerebros no funcionan bien y destruyen cosas porque son como animales”. Por favor. Tampoco es el fin de los valores morales ni representa la destrucción de Occidente por hordas de zombies en edad escolar. Perdón que lo diga, pero la superficialidad imperante en la discusión pública es trágica.

Me pudre que se quejen pero nunca vayan al teatro, estoy seguro de que la mayoría de los que aquí leen no pueden nombrar a más de dos actores u obras de la cartelera local del último semestre y eso si hay suerte. Es más, tampoco pueden nombrar dos foros independientes o compañías de teatro y en una de esas ni cinco espacios de valor patrimonial dedicados al arte y la cultura. ¿Qué les jode entonces? ¿Qué valores suyos han sido insultados por quienes rayaron Darkness en las columnas de un teatro que no visitan y que no les importa más que como pieza de museo?

¿Les jode que el país esté de la mierda? ¿Qué nuestro sistema educativo esté fatal? ¿Sí? ¿Por qué entonces gritaron “pinches maestros revoltosos” cuando hubo resistencia a una reforma educativa que no se molestaron en estudiar?

¿Les parte el alma, de verdad, una pinta en una columna pero “pinches padres revoltosos de los 43, habría que ver quién los mantiene y qué intereses oscuros hay detrás de la exigencia de justicia por la desaparición de sus hijos”?

¿Les duelen los miles de desaparecidos?

“Ya, ya, Zul, no te pases, que estás mezclando peras en la canasta de las manzanas. Anda, cómete un Snickers, que no es lo mismo un graffiti en un teatro que claramente daña la propiedad de todos, que los desaparecidos y todos esos horrores que te salen del teclado…”

No, no es lo mismo pero si consideramos una escala de la indignación grupal y medimos qué es lo que nos pone a gritar más y  lo que nos importa un comino, creo que podremos saber algo sobre nosotros mismos.

Si se me permite la hipótesis: Lo que nos preocupa, lo que nos lleva a alzar la voz, define mucho de nosotros.

Si a Juan le indigna que su vecina Luisa tenga una relación extramarital pero le importa un pepino que a Pedro, su otro vecino, lo hayan matado a puñaladas, descuartizado y metido en una bolsa de plástico, algo sabremos sobre Juan.

Claro que no es lo mismo que dos personas engañen a sus parejas a que grupos criminales anden descuartizando y embolsando gente, pero si nos indigna y preocupa lo primero al punto de hacer un escándalo y ante lo segundo alzamos los hombros porque “seguro se lo buscó, ve tú a saber en qué andaba metido”, algo está podrido en nuestra sociedad.

Ya ni me voy a meter en el tema de que una pinta así, bien manejada mediáticamente, podría ser considerada como el gran suceso artístico tapatío y aplaudida por todo dios.

Si Banksy hubiera pintado un falo en uno de los pilares o un gatito o una niña con un globo hasta habría policías custodiando el legado y el regalo enorme a la ciudad. Es más, habría turistas panameños y de Colima que viajarían exprofeso para tomarse fotos con la columna.

En una de esas lo que falta es respirar y tomarnos el tiempo para saber, si ya en serio, nos ofende, nos da risa o nos importa una mierda el drama de la semana. En una de esas con eso abrimos camino a un debate más interesante que el ruido de un mercado.

Podríamos por ejemplo aprovechar el renovado interés en el patrimonio cultural para discutir si está bien destruir un parque para hacer un estacionamiento para el teatro Diana o si eso es una majadería peor que un graffiti o si lo que pasó en torno al jardín botánico frente al Hospital Civil fue una gamberrada que nos insulta a todos o la dignificación del espacio, como afirman las autoridades. En general con un poco de esfuerzo, ahora que andan tan interesados en los bienes públicos, podríamos dedicar estas energías a discutirlos en forma y no limitar la conversación a decir que rayar paredes sin pedir permiso es un acto criminal.

Zul de la Cueva
Acerca de Zul de la Cueva 28 Artículos
Gente vagamunda, inútil y sin provecho. Esponja del vino y gorgojo del pan

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*