El ‘oleaje’ va a la sociedad civil

|Por Paul Alcántar|

A quien le gusta el mar entiende que el peligro para ahogarse es relativo a la percepción que se tiene sobre las olas que está por enfrentar. No es lo mismo ver las olas en un piso parejo o desde la playa. Aún así, el oleaje siempre impone, el reto es saber cómo dimensionarlo y lidiar con él. La sacudida política del gobierno federal es un mar con un oleaje muy bueno que no todos alcanzan a dimensionar. Si los actores políticos y sociales no asimilan lo que viene, o peor, no saben en dónde están parados, las olas pueden arrasar los esfuerzos que por muchos años se ha hecho a favor de institucionalizar procesos que bien valen la pena mantener ante el nuevo orden político.

¿A qué voy con esta analogía? Para la esfera pública, la cuarta transformación se siente como un tsunami que arrasa sin misericordia. Particularmente en estas dos semanas, los embates han lastimado a quienes impulsan agendas por sí solos, pero también en co colaboración con aquellos gobiernos que hoy son el objetivo claro de la nueva administración que pretende desterrar a través del discurso público. La cuarta transformación, desde lo que vemos, es ésa, la que viene a construir un nuevo contrato social con los viejos y nuevos protagonistas de la cultura política del país, y me parece que a la sociedad civil le cuesta comprender y aceptar que está en otro sitio.

Pero haré una provocación:

Entendamos la lógica del pensamiento de Andrés Manuel López Obrador. En la entrevista concedida a Carmen Aristegui el día de ayer en su programa que transmite Radio Centro, el presidente electo deja muy claro su posición frente a la “llamada sociedad civil”. En esta postura se alcanza a detectar un resentimiento en sí sobre aquellos personajes que usaron esa vía social más como un instrumento de poder que la promoción misma del bienestar social.

En esta interpretación, sociedad civil son aquellos firmantes de ciertas demandas que ahora tienen una responsabilidad clara por hacer oídos sordos frente a las injusticias sociales que son las del pueblo que le dio la autoridad moral para conducir el país;  que en la comodidad de sus privilegios sólo exigieron cambios que no tuvieron efectos más que los mediáticos y hoy tenemos una ciudadanía lastimada y frágil. Por eso, la sociedad civil es fifí porque nunca aceptaron su condición de clase. Esa sociedad que avaló con su presencia y ausencia diversas intenciones para fomentar una democracia a modo de una élite y que está muy lejos de ser representativa, participativa y deliberativa. Eso no fue suficiente y hoy tenemos un país desangrado, desigual y azotada por las injusticias con las que nunca simpatizaron.

No importa de dónde se trabaje las agendas de esa sociedad. Si es de una universidad pública o privada, o de algún think tank financiada con recursos privados y públicos, o si es desde un paradigma de la gobernanza. Da lo mismo. El conocimiento, el expertise y las evidencias científicas no tuvieron un eco gradual para transformación verdadera de la nación.

Hoy el mensaje del pueblo también es de darle más voz y atención. Por ende, la sociedad civil queda fuera del proceso de las decisiones públicas porque hizo alianzas de facto que legitimaron a aquellos gobernantes que “ya se fueron” y minaron toda posibilidad de los cambios verdaderos.

En mi interpretación, López Obrador también es compasivo. Aunque la intención de esta sociedad civil en sí puede ser buena, existe una agenda oculta que lleva sus intereses de acuerdo al peso de su patrocinio, ya sea político o económico. Ahí se encuentra la perversidad de muchos de sus integrantes. Lobos disfrazados de ovejas que han hecho de la credibilidad de muchos organismos su instrumento de poder.

Por ende, no es creíble para el equipo de López Obrador que una #FiscalíaQueSirva lleve un bien público. Todo lo contrario. Hablar de un Fiscal General autónomo es darle un cheque en blanco a la sociedad civil intencionada pero infiltrada por los mismos mafiosos del poder, que verán la primera oportunidad de desestabilizarlo cuando no cumpla con los acuerdos establecidos con esas élites Y si no, vean a Brasil dirán en la casa de transición.

En este intento por descifrar los discursos del presidente electo sobre las decisiones que ya tomó en materia de justicia, seguridad y combate a la corrupción; es claro que la apuesta de los actores sociales será, sin duda, determinar si ese tsunami puede verse como un oleaje fuerte que no necesariamente destruirá el capital social que tanto costó construir durante décadas.

La oposición política hoy recae en esta sociedad civil que nunca pidió, pero los partidos no podrán ser un contrapeso real del Ejecutivo. Lo positivo en los mensajes de López Obrador es la consolidación de una sociedad civil que sepa su lugar en la realidad de la hegemonía política. Si se tiene claro por dónde se pisa, tal vez el tsunami no es real.

Paul AlcántarPaul Alcántar

Hago análisis. Toma la ciudad. Michoacano en Guadalajara.

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