Otra alianza cínica

Foto Jaime Beltrán (Twitter)

|Por Juan José Doñán|

El pasado fin de semana, cuando la atención pública estaba puesta en la final del futbol mexicano, entre el Guadalajara y el equipo de la Universidad Autónoma de Nuevo León, un grupo de funcionarios de la UdeG, todos ellos –y ellas– ligados a la cúpula política que desde hace casi 38 año controla a esa casa de estudios, salió a pregonar el nacimiento de una asociación civil, o más bien una agrupación política, dentro del campus universitario.

El nombre de la criatura es “Hagamos” y, según sus voceros, ha venido al mundo con la noble misión de dignificar la vida política de Jalisco, denunciando y combatiendo la corrupción, pugnando por la transparencia en el uso de los fondos públicos, enarbolando la bandera de la democracia e incluso exigiendo la ampliación en el acceso a la educación pública. ¿Así, o más cínicos?

Ahora resulta que, según sus integrantes, “Hagamos” se presentan como una asociación de defensores de todo aquello que irónicamente ha estado ausente, por no decir que proscrito, en la vida interna de la Universidad de Guadalajara, donde lo que rifa es el autoritarismo, la simulación democrática, la opacidad en el manejo de los recursos públicos por parte de quienes regentean a la UdeG y, por encima de todo, un añejo cacicazgo (el del ex rector Raúl Padilla) que no tiene fecha de caducidad.

Quienes salieron a dar a conocer la “buena nueva” de “Hagamos” fueron el secretario general del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Guadalajara, el ex diputado perredista Enrique Velázquez, y la rectora del Centro Universitarios de los Altos, Mara Robles, que aprovecharon el viaje para dar a conocer los nombres de los integrantes del comité directo de “Hagamos”, conformado enteramente por alfiles y peones de la cúpula directiva de la UdeG: aparte de los susodichos, algunos rectores y ex rectores de otros centros universitarios, así como algunos mandos medios de la misma casa de estudios, incluido el último expresidente de la Federación de Estudiantes Universitarios.

No deja de ser significativo el hecho de que no figure ni un solo académico respetable de la Universidad de Guadalajara; sólo funcionarios uncidos a la yunta del padillato y uno que otro intelectual orgánico, a quienes periódicamente sus padrinos y jefes, comenzando por el jeque de jeques, les cobran peaje para sentarse cerca de la mesa de la burguesía dorada de la UdeG o al menos para que sigan siendo ujieres bien cebados de la misma.

Pero más allá del risible desfiguro que viene a representar esta agrupación, la cual cínicamente sale a jugar a la democracia, saliendo a la defensa de causas sociales y valores que la cúpula directiva de la UdeG no permiten que prosperen en el campus universitario, la pregunta es inevitable, ¿cuál es la razón de fondo para que aparezca, precisamente ahora, este nuevo esperpento parido por la nomenklatura udegeísta y bautizado con el membrete de “Hagamos”?

El motivo del engendro político de marras, aquí y ahora, no parece ser otro que la circunstancia actual: con una sociedad harta por la inseguridad, el apogeo del hampa (llámese crimen organizado o desorganizado), la corrupción y otras lacras sociales. Y junto con ello, el creciente descrédito de los partidos políticos, tanto así que el presidente de “Hagamos”, Enrique Velázquez, anuncia que se separa temporalmente como militante del PRD.

Por lo visto, la tirada de muchos logreros políticos es incursionar en todo aquello que pueda ser asociado con la sociedad civil, las asociaciones ciudadanas, las candidaturas independientes y ajos por el estilo, sobre todo ahora que, en breve, comenzará a darse un inevitable rejuego por el proceso electoral del año entrante, tanto en el ámbito federal, pero sobre todo en el local, con las precampañas la postulación de candidatos a distintos cargos de elección popular.

Y tanto los integrantes de “Hagamos” como el resto de la cúpula directiva de la Universidad de Guadalajara ya parecen estar más que puestos para pescar en el río revuelto que seguramente se saldrá de madre en el inminente proceso electoral por venir.

A decir verdad, no es esta la primera vez que la nomenklatura de la UdeG se saca de los forros esta clase asociaciones presuntamente ciudadanas. En 1994, cuando despachaba personalmente como rector, Raúl Padilla animó a algunos de sus allegados para que crearan un membrete parecido al de ahora.

El de entonces se llamó Alianza Cívica, que presumía ser de naturaleza apartidista y, no obstante, buscaba que alguno de los dos partidos consolidados en Jalisco (el PRI y el PAN) promoviera la candidatura del mandamás de la UdeG como su candidato a la gubernatura del estado en los comicios de 1995.

Y aun cuando el proyecto se frustró y la presunta Alianza Cívica no pasó de ser una transitoria “alianza cínica”, como fue calificada en su momento, la idea de mantener un activo proselitismo político desde el campus de la UdeG no ha sido abandonada por la camarilla que regentea esa casa de estudios como vuelve verse ahora con la asociación civil “Hagamos” que, a fuer de ser sinceros, no pasa de ser otra alianza cínica.

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