Otros tiempos

Porfirio Díaz

|Por Roberto Castelán|

Qué tiempos aquellos, señor Don Simón. Eran tiempos en donde los hombres eran hombres y las mujeres, mujeres. Uno distinguía muy bien entre uno y otro. En cambio, ahora… primero tienes que preguntar, porque luego hasta se ofenden. Eran tiempos en los que nadie en su sano juicio se hubiera animado a contradecir una orden de nuestro Señor presidente. Al contrario: a sus órdenes mi general, a sus órdenes Don Porfirio. Todo el mundo sabía que mi general hacía las cosas por el bien de su pueblo. De su querido y adorado pueblo el cual le correspondía con su lealtad y obediencia. Imagínese usted a Don Porfirio pidiendo permiso para ver si podía construir un tren o no. Ni en sueños. El Señor presidente sabía que el progreso del país requería de la construcción de vías férreas, y se hacían. Faltaba más. Eran otros tiempos. De amor a la patria, de transformar la historia.

Se construyeron grandes avenidas, adornadas con hermosas estatuas, se construyeron quioscos estilo francés, se trajeron grandes escultores, grandes artistas, se bailaba polka y vals. Venga para acá arquitecto Rivas, traiga al escultor Alciati y hágame un angelote. Y ahí está todavía el ángel. Y el pueblo decía: bravo Señor presidente, usted sí sabe lo que nos conviene, usted sí sabe distinguir la importancia del progreso y la civilización para desterrar la miseria y la ignorancia de nuestros pueblos. Luego vinieron los grandes generales de la revolución, ignorantes pero todos ellos se supieron rodear de personas cultas. Nadie se animaba a criticar sus proyectos. No sólo porque los fusilaban inmediatamente, sino porque todos sabían que sus decisiones eran por el progreso y bienestar de la patria. Generalotes rudos, recios, pero con una gran conciencia social y sensibilidad para interpretar los sueños y aspiraciones de nuestros indígenas, de nuestros campesinos.

Construyeron carreteras, puentes, escuelas y la gente en todos los pueblos los recibía agradecidos, con lágrimas en los ojos. A nadie se le habría ocurrido preguntar cuánto costó un puente, cuánto se invirtió en una escuela. Era dinero gastado, invertido para el pueblo. Y mire usted, todos esos generalotes ignorantes eran sensibles al arte. Ahí están los muros de los principales edificios llenos de color, llenos de figuras expresando el sentir de los mexicanos. No quiero ni pensar qué sería México sin esas grandes obras de arte por las cuales México es reconocido en el extranjero. ¿Se imagina qué hubiera pasado si la gente se hubiera puesto a preguntar qué cuánto cuestan, qué por qué las ponen ahí, por qué ese pintor y no otro? Sencillamente en México no habrían florecido las bellas artes.

Afortunadamente eran otros tiempos Señor Don Simón. Ahora la gente abandonó su patriotismo, le perdieron el respeto a sus gobernantes y solo les interesa saber cuánto costó la obra, quién la hizo y hasta quieren saber la biografía del artista. Qué tiempos aquellos, señor Don Simón. Cómo nos hace falta otro Don Porfirio.

Roberto Castelán Rueda
Profesor jubilado, doctor en historia y lector
de medios impresos a punto de extinción.

1 Comment

  1. Doctor Castelán, si desconocen la biografía de José Fors es que no están conectados con el quehacer cultural del momento, entonces para quién trabaja el gobierno. Perdóneme pero los ciudadanos deben de tener su parte de conocimiento en la cultura para exigir derechos, sino, todo se lo dan masticadito y en la boca como a los bebés y luego se quejan de que las autoridades los traten como menores de edad. En cuanto a que este fue el pago por el nuevo arreglo de la canción Guadalajara. NO es cierto, Fors era amigo del presidente municipal desde antes y su condición de artista le permite ponerle el precio a su obra. Lástima que se les hizo cara, en esta ciudad tienen siempre a sus artistas muertos de hambre y la comunidad artística no me dejara mentir. Fors es artista plástico y músico y muy creativo. Y me alegro que llegó por fin, una autoridad dispuesta a reconocer la valía del arte Jalisciense, aunque la taza se parezca a otras que hayan visto. No hay nada original en el mundo, todo nos nutrimos de todos.

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