Páginas llenas de conexiones

Cuando la gente se entera que soy editor y eventualmente comprenden que tan exótico oficio significa que invierto mi tiempo y esfuerzo en hacer libros (no escribirlos, no imprimirlos: editarlos, que es distinto), entre curiosos, asombrados y sobre todo compadecidos, tienden a preguntarme: «¿Oye, … y a poco lees todos los libros que haces?» Y si lo pensamos bien, tienen razón en apiadarse, porque independientemente de que estamos instalados en el generalizado lugar común que busca imponernos la idea de que los libros son algo positivo por definición, cuya única función posible es enriquecer nuestras vidas, el hecho es que los hay buenos, regulares y malos, y si bien algunos nos enriquecen, también los hay que nos empobrecen.

Así las cosas, debo confesarles que desde hace tiempo tengo un sueño: dedicarle todo mi tiempo, energía, esfuerzo, pasión y etcétera a hacer puros libros chipocludos, de esos que me llenan el alma. Sin embargo, mientras lo consigo —que no es fácil, créanme— no me queda otra que seguir como hasta ahora, esto es, haciendo —eso sí, con todo rigor, entrega, seriedad y pasión— los libros que me encargan, aunque no me gusten, lo que implica —entre muchas otras cosas— sufrir una de las plagas más nefastas, cuyo absurdo empeño es hacer ilegibles los libros, en estos tiempos en que la lectura se encuentra en absoluta desventaja y hasta franco declive: el sistema APA y todas esas sarandajas que tanto complacen a los académicos.

Pero, basta de historias tristes, porque la realidad es que me considero suertudo, pues tengo la costumbre de buscar por todos los medios a mi alcance lo que quiero, de manera que me la paso indagando la forma de hacer libros de los que me gustan. Y también están los que caen solos. Esos son una maravilla, porque son inesperados hallazgos que provocan mi asombro, ese sentimiento tan de mi gusto y que hoy está tan devaluado, casi extinto. Uno de estos, fue un libro llamado Páginas de filosofía del derecho, que disfruté mucho a lo largo del proceso de edición, pues se trata de páginas que contienen reflexiones e historias de las que me gustan, de las que pienso merecen ser contadas, de las que vale la pena esforzarse para que queden impresas.

Por diversas razones, deduzco que estas Páginas de filosofía del derecho, son un compendio de los apuntes que a través de los años fue haciendo don Guillermo Reyes Robles para preparar sus clases. Se trata entonces de la síntesis de sus estudios y reflexiones en torno a la filosofía, el derecho, la ética, la libertad, la mitología griega, la literatura, la vida, la música, la astronomía… Ahí están aprehendidos sus conceptos sobre las cosas sustantivas —las que importan—, en un texto rico en referencias cruzadas, que lo mismo nos remite a autores especializados del derecho o la filosofía o la ética que a obras literarias o musicales… Es una intrincada urdimbre, un muy complejo entramado de sucesiones, cruces, referencias, puntos de coincidencia.

Alguna vez mi querido Ricardo Villanueva —a quien agradezco la oportunidad de editar éste y algunos otros libros de los chidos que he hecho—, me contó entusiasmado que don Guillermo fue un gran maestro para él: uno de esos que dejan una huella imborrable en nuestra alma. Son esas cosas que te platican y las crees porque quien las cuenta goza de tu credibilidad, pero hasta ahí, porque pertenecen al ámbito de lo abstracto, de lo no experimentado. Sin embargo, la vida algunas veces te ofrece ciertas oportunidades: trabajando en el libro de don Guillermo, tuve la oportunidad de dimensionar las palabras de Ricardo. Y aquello dejó de ser el simple registro de un dicho —de pertenecer a lo abstracto— y pasó a ser algo más concreto, tangible.

Y no paró ahí la cosa, pues debo confesar —otra vez— que me alcanzó a morder cierta envidia, una difusa nostalgia por lo que nunca pasó, por lo que me hubiera gustado vivir. Fue en ese momento que la asociación entre lo que me contó Ricardo y el trabajo con el texto, me llevó al extremo de pensar que debí estudiar derecho, no tanto por un poco probable y muy cuestionable interés por la materia, sino con el único y muy egoísta fin de haber tenido la oportunidad de vivir la experiencia de ser alumno de don Guillermo.

Avelino Sordo Vilchis
Acerca de Avelino Sordo Vilchis 25 Artículos
Editor // promotor cultural // ex sibarita

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