País de locos

|Por Juan José Doñán|

Por lo sucedido en días recientes, tanto a escala nacional como en la comarca tapatía, tal pareciera que vivimos en un país de locos, donde lo mismo se pueden arrojar a la basura más de 70 mil millones de pesos –del dinero de todos los mexicanos– que pretender honrar la memoria de una jalisciense ilustre como María Izquierda con una grosera mentira como la que afirma, con letras de bronce en mayúsculas que, aparte de pintora, la nativa de San Juan de los Lagos también fue “ESCRITORA”, lo cual es un embuste del tamaño de una catedral.

 En el caso de los más de 70 mil millones de pesos –que equivalen a lo que costarían tres nuevas líneas del Tren Ligero como la actualmente se construye y habrá de recorrer los municipios metropolitanos de Zapopan, Guadalajara y Tlaquepaque– esa descomunal cantidad de dinero público pareciera condenada a perderse en perjuicio de los mexicanos y sin que nadie, ya sea funcionario público o gente de negocios, pague por esa colosal afectación a las finanzas públicos, purgando la pena correspondiente y reintegrando al erario el daño económico ocasionado.

Porque si fue un error haber echado a andar el recientemente desahuciado aeropuerto de Texcoco, algo que para la opinión pública aún no queda demostrado, los responsables de esa costosísima pifia, comenzando por el presidente Enrique Peña Nieto, deberían ser llamados a cuentas, fincándoles las debidas responsabilidades económicas y penales, en el entendido de que en este caso, como en otros que lamentablemente han quedado en la impunidad –es inaceptable el borrón y cuenta nueva, y que, para variar, el pueblo de México deba pagar de nueva cuenta el costo de las metidas de pata y las corruptelas de algunos de sus más encumbrados “servidores públicos”.

Ahora de que si no hay tal error y la obra aeroportuaria en proceso se va a suspender nada más porque al presidente electo y a algunos de sus allegados no les gusta, pues entonces qué lamentable. Y ello porque la obligación de un buen gobierno es cuidar siempre los intereses de sus gobernados y no afectarlos, lo que en el caso presente significa tirar al caño dinero e inversiones públicas que, según distintas estimaciones, fluctuarían entre los 60 mil millones de pesos y los 100 mil millones de nuestra devaluada moneda nacional.

Si una consulta pública como la que precariamente se aplicó el pasado fin de semana –dejemos de lado, por ahora, si el ejercicio tuvo o no validez legal– afecta negativamente la economía del país, de entrada nadie en su sano juicio podría afirmar que dicha consulta haya sido una buena medida, y menos cuando participó apenas un millón de personas, lo que numéricamente representa el 1.5 por ciento de los mexicanos con credencial de elector.

Por lo demás, quienes participaron en esa cuestionada consulta votaron, en su inmensa mayoría, casi a ciegas sobre un proyecto aeroportuario que desconocían y desconocen, motivados, ¡oh, Pavlov!, por el desafecto que AMLO y compañía le tienen a dicho proyecto, con consecuencias negativas inmediatas como la imposibilidad de recuperar lo ya invertido, la inmediata devaluación del peso ante el dólar y otras divisas internacionales, el abandono de obras de infraestructura a medio construir y las cuales acabarán siendo un estorbo y contaminando la zona Texcoco, etcétera.

¿Entonces? Pues nada, que vivimos en un país de locos, donde la demencia también se vive en una comarca como la tapatía, en la que un señor llamado Héctor Pizano se alió a otro partido político sin haber renunciado antes al suyo (al PRI, del que incluso fue su dirigente estatal y gracias al cual ahora está en el Congreso de Jalisco). Lo peor del caso es que el tal Pizano no ve ningún signo traición ni incongruencia en ello, es decir, en seguir siendo priista y, al mismo tiempo, haberse puesto abiertamente al servicio del cabecilla de otro partido político: Enrique Alfaro, quien no sólo regentea localmente a Movimiento Ciudadano, sino que en cinco semanas más estará encabezando el gobierno de Jalisco.

En la foto, Ismael del Toro y Myriam Vachez

Un caso aún más reciente de esta insania, que a ratos pareciera convertirse en epidemia entre nuestros dizque “servidores públicos”, fue la llevada en efigie de María Izquierdo a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres; en efigie, porque los restos mortales de la gran pintora jalisciense ya fueron trasladados, hace seis años, a la Rotonda de los Mexicanos Ilustres, en el Panteón de Dolores de la capital del país, por lo que desde entonces quedó cancelada cualquier posibilidad de que dichos restos fueran reinhumados en la Rotonda de Guadalajara.

Y como corolario de todo ello ahora las autoridades de nuestra comarca decidieron sorprender a propio y a extraños al momento de develar la estatua de María Izquierdo en la esquina de Liceo e Hidalgo, titulándola, en letras de bronce “PINTORA Y ESCRITORA”, oficio este último que la nativa de San Juan de los Lagos no practicó.

Les queda demostrar lo contrario a las autoridades de la Secretaría de Cultura y a quienes, hasta miércoles de esta semana, integraron la LXI Legislatura de Jalisco, señalando y publicando la presunta obra literaria de María Izquierdo, ya sean novelas, cuentos, obras de teatro, libros de poemas, crónicas, ensayos… que habrían permanecido ocultos no sólo durante la vida de la pintora, sino en los 63 años transcurridos desde su muerte.

De no hacerlo, funcionarios y funcionarias culturales de Jalisco, comenzando por la secretaria Myriam Vachez, así como los exdiputados y exdiputadas locales que acaban de entregar el changarro, serán recordados no sólo por su ignorancia enciclopédica, sino también por su contribución a la arrogante chifladura que florece en un país como el nuestro, que a ratos pareciera estar gobernado por hijos e hijas de la demencia.

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