Partidos: rentabilidad, demagogia y dineros

partidos políticos

|Por Paul Alcántar|

La vida interna de los partidos políticos no puede ser más opaca. Ningún jefe político ha demostrado lo contrario. El hartazgo hacia estas instituciones se fundamenta en los pocos resultados y los costos sociales endosados a la ciudadanía, pero también a los contribuyentes que resumen a la democracia en un asunto caro y poco valioso.

Doloroso es comprobar que la calidad de nuestra representatividad pueda contarse con pesos y centavos, pero la fórmula así es. No hemos encontrado qué otra utilidad nos podrían proporcionar el PRI, el PAN, PRD, Movimiento Ciudadano, Partido Verde y demás chiquillada. ¿Por qué los seguimos manteniendo si hacen lo que quieren? ¿Cómo ver en estas organizaciones el bien público cuando somos testigos de lo difícil que es acceder a sus formas de decisión? No hay manera, es casi imposible, llegar por la vía legal y legítima a los órganos de decisión más importantes de los partidos a menos que seas cuate o determines un capital importante para quien dirige los destinos de esa institución. ¿O es acaso que conocemos bien a bien lo que las asambleas políticas proponen en las dinámicas de los partidos?

La realidad es que el sistema de partidos vigente sólo es funcional para élites concretas y no por procesos de base que permitan una accesibilidad factible.

Por eso es que este sistema funciona. La concentración de ese poder político en los partidos no es porque su militancia sea proactiva; sucede porque son pocos quienes toman la batuta y dirigen la orientación de intereses particulares a través de cuotas, incentivos y formas confundidas con lealtades y convicciones filosóficas. Y cuando están en gobierno, es más compleja la red de favores.

En estas decisiones no hay rendición de cuentas y dudo poco que estos panoramas cambien. La desilusión tiene una ruta bien establecida que pocos desmenuzan. Los partidos políticos son agentes establecidos en reglas financieras que determinan la rentabilidad del poder, por ello es que se aleja de cualquier criterio de participación directa y de una motivación democrática de por medio. En estos casos los preceptos ideológicos pasan a un último plano y qué decir de la visión sobre lo público. Simplemente no existe.

A eso muchos les llaman “pragmatismo”. Yo creo que es “practicidad” por no llamarles actores “ventajosos”. Lo vemos claro en las últimas decisiones de políticos como Margarita Zavala que decide salirse del PAN por dejarse cooptar por un grupo político ajeno a sus intereses, o en el surgimiento del Frente Ciudadano que es una vacilada. No veo a las bases del PRD, del PAN y de Movimiento Ciudadano pidiendo a gritos una alianza de esa naturaleza. Nadie le ha preguntado a Ricardo Anaya, Alejandra Barrales y a Dante Delgado qué piensan sus asociados de base y mucho menos a sus simpatizantes. Todo está bajo la lógica numérica de la sumas y restas y de la incuestionable operación a favor de quien hasta hace algunos meses se les consideraba un adversario político.

Ni hablemos del PRI que salió nuevamente con quitar representatividad en los Congresos al proponer eliminar plurinominales.

Rentabilidad convertida en discurso. Demagogia pura.

Lo que sí es preocupante es la forma tan sencilla de querer deshacernos de los partidos quitándoles el control que tenemos sobre ellos: el dinero público.

La maquinaria de estos entes sí funciona con dinero, no hay otra forma. Pero éste debe ser público porque sólo es así como el Estado puede fiscalizarlos, pueden llamarlos a cuentas y exigirles resultados. Porque la razón del dinero público, que sale de la recaudación fiscal, otorga el derecho político de las personas para acceder al poder institucional.

Es claro que no funciona el modelo, pero no se puede erradicar. La tentación es grande por las fallas que han causado los partidos en las dinámicas políticas e institucionales. Facilitarles un acercamiento al dinero privado permite que menos se preocupen por la representatividad popular y otorgar el control político a otras elites que suelen perseguir agendas totalmente perversas.

Paul AlcántarPaul Alcántar

Hago análisis. Toma la ciudad. Michoacano en Guadalajara.

2 Comments

  1. Completamente de acuerdo Paul. Los partidos están pensando en ellos mismos, jamás voltean a ver a sus representados. Pero eso si, lo hacen con el dinero público. ¿Qué hacemos?

    • Gracias por tu comentario María, creo que es importante no perder de vista que los partidos siguen siendo recursos para acceder al poder y no podemos soltarlos sin una reflexión profunda. Hay mucho qué discutir sobre ello pero de entrada debemos ser responsables.

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*