El ‘periodiquito’: descuidos y adversarios

Foto: Especial

|Por Paul Alcántar|

A nadie le conviene que al gobernador de Jalisco le vaya mal. Podría leerse como un cliché, pero definitivamente lo que buscamos como sociedad democrática –a la que aspiramos, creo– es que los mandatarios no sólo administren los recursos públicos, sino que sus acciones incentiven la creación y el fortalecimiento de los “bienes públicos” que nos lleven al “bien común”

Términos que pueden sonar banales, incluso confusos entre sí, pero la realidad es que la ciudadanía busca esas garantías para la entidad. Por eso preocupa las reacciones del Ejecutivo cuando en la actualidad está en juego la legitimidad de estos conceptos –para muchos abstractos– y lo que menos se espera es que la investidura de Enrique Alfaro esté por debajo de su cólera genuina.

Lo anterior va encaminado a lo que observamos esta semana con el tema de la multimillonaria licitación y el conflicto de intereses evidente que mostró el trabajo periodístico de Sonia Serrano en El Diario NTR Guadalajara. A raíz de los cuestionamientos que hace Serrano, despierta nuevamente la molestia de Enrique Alfaro porque la prensa y pocos ciudadanos quieren una respuesta que el Gobernador no nos ha dado. Ese enojo, su enojo, se entiende si tratamos de descifrar su estilo de gobernar; creo que su sentimiento lo podemos dividir en momentos que valdría la pena describirlos a través de una breve recapitulación de los hechos.

Primer momento: el enojo por el descuido propio

Enrique Alfaro inició la primera etapa de este escándalo por descuidado. Todo empezó en una gira que el mandatario hizo a California a inicios del mes de marzo donde“aprovechó” para asistir a un partido de los Lakers de Los Ángeles; su descuido fue que no pensó que algunos periodistas aficionados del basquetbol y que veían el mismo partido por televisión, se percataron de la presencia del gobernador en las primeras gradas, acompañado de diputados afines y funcionarios de su gabinete. Lo peor para Alfaro es que no sólo llamó la atención su frivolidad, sino que muchos nos preguntamos ¿cómo consiguieron boletos en esa zona preferencial?

La historia es sabida. Al momento de los cuestionamientos surgieron las contradicciones, lo que se podía reducir a una anécdota se convirtió en fuente de dudas. La mayor de las sospechas se acumularon cuando resalta la figura de un “tequilero” quien presuntamente patrocinó los boletos de entrada –por unos dichos de la diputada Mirza Flores, quien asisitó al partido–. Hoy todo indica que ese “tequilero” en realidad es el proveedor del multimillonario programa “A toda máquina” que consiste en el arrendamiento de maquinaria especializada para apoyar a productores del campo. Aquí comienza el escándalo.

Segundo momento: el enojo por el descuido de los suyos

El trabajo de investigación de Sonia Serrano tiene otro aporte: evidenció los errores y omisiones del equipo técnico y jurídico para que esta licitación no pasara de noche. Lo que atormenta  al gobernador es que el desaseo llegó a tal grado que no hay mucho qué explicar ante la gravedad del procedimiento de licitación que debieron observar con lupa, pero a la vez dar una mayor publicidad a una convocatoria donde estaba en juego mucho dinero. Eso habla de que en el equipo de mayor confianza no sólo descuida al “jefe”, sino que desestiman a todas luces la capacidad que tiene la sociedad del conocimiento y los medios de comunicación para llegar a la información posible  hasta donde tope. Pero también se brincaron códigos éticos, incluso, el sentido común del propio Gobernador.

Hasta el cierre de esta columna no hay una respuesta oficial, pero sí descalificaciones al medio, lo que me hace pensar que el arranque de su administración sigue atorado.

Tercer momento: el adversario opera en los medios (¿?)

El “periodiquito”, pues, le representa al gobernador un espejo del que no se puede zafar. Sin embargo, sus palabras usadas de manera despectiva no sólo describen la personalidad del sujeto político sino que estigmatiza, de tajo, el derecho a la información que nos debe llevar al mejor de los ejercicios de rendición de cuentas al que el mandatario está obligado.

La gravedad es que el mandatario estatal no ve a ese derecho como parte de un bien público, sino que lo identifica como el adversario a vencer. Está confundido en ubicar hacia dónde lanzar los dardos. Lo peor es que la desestabilización a su administración no vendrá de ese espacio sino de otros que posiblemente ya tiene identificados, y que no necesariamente son los políticos, mucho menos los mediáticos.

La vulnerabilidad en la que puede caer el medio que evidenció la irresponsabilidad del Gobierno del Estado por no hacer bien las cosas es alta. La culpa no es de los periodistas, ni del periodiquito, mucho menos de Sonia Serrano. Los descuidos en esa magnitud tienen costos que deben quedar en el campo de la rendición de cuentas.

Le guste o no al gobernador.

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A toda máquina: licitación amañada


Paul Alcántar

Hago análisis. Toma la ciudad. Michoacano en Guadalajara.

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