Pobreza e infancia perdida: una combinación peligrosa

pobreza

|Por Araceli Fabián|

A cuántos de nosotros nos han preguntado ¿qué entendemos por pobreza? o ¿qué entendemos por exclusión? Apuesto a que las respuestas no han sido fáciles por dos razones: la primera, la honestidad de un desconocimiento preciso sobre la definición y, la segunda, el miedo a responder de una manera políticamente incorrecta que pueda ser tachada de clasista, racista o simplemente ignorante.

La pobreza, además de ser un adjetivo calificativo, es un concepto amplio y complejo de investigación social sobre un determinado estrato de la sociedad, de acuerdo al poder adquisitivo que se tenga y los bienes que se puedan o no adquirir con este, ya sean bienes materiales o de acceso a bienes y servicios elementales: alimenticios, sanitarios, de vivienda, agua potable, electricidad, educativos y culturales.

La Real Academia de la Lengua (RAE) define a la pobreza en términos de escasez, de la falta de algo o de todo, es decir, plantea la existencia de un vacío; se carece de los recursos necesarios –del tipo que sea– para satisfacer necesidades básicas; excluyendo a este sector social de los beneficios y derechos a una vida mejor, a una vida digna con más oportunidades de crecimiento y desarrollo, y ¿qué es la exclusión? La exclusión es la acción y efecto de quitar, de negarle a otro esas oportunidades.

Niños sin posibilidad de una “niñez”

En México, la pobreza disminuyó 3.47% en los últimos años, de acuerdo con datos proporcionados por el índice de pobreza de 2014 a 2016. Este dato, si bien es representativo no es significativo, pues la mitad de la población vive en condición de pobreza, con Estados del sur y sureste del país particularmente explotados en capital humano y recursos naturales. En números absolutos el Estado de México encabeza la lista y por tasa poblacional Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Veracruz y Puebla son los más empobrecidos, en este contexto la población infantil se ve lógicamente afectada reduciendo sus posibilidades de crecimiento y desarrollo en todos los sentidos de su existencia, presentes y futuros.

La población infantil, en cualquier latitud del mapa, es sin duda la más golpeada en esta dinámica social de exclusión, pues se les niega a los niños, en condición de pobreza, su derecho al goce pleno de vivir una infancia digna y se les obliga a ser adultos a temprana edad, a trabajar para ganar su sustento y muchas veces el de sus familias, privándolos de una vida saludable y acceso a la educación, que les daría mejores oportunidades en el futuro; marginándolos a la violencia, la ilegalidad y el resentimiento social de una pobreza generacional heredada.

Esclavitud infanitl moderna

En México, 2 millones 475 mil 989 niños trabajan, según datos del INEGI. Del total de menores ocupados 69.8% son niños y 30.2% son niñas, mismos que laboran en condición infrahumanas con jornadas laborales de 12 horas, poca o nula paga, en la clandestinidad o en trabajos de riesgo que exceden sus capacidades por tamaño y peso.

Una investigación reciente sobre este fenómeno titulada: “Esclavitud moderna de la infancia: los casos de explotación laboral infantil en las maquiladoras” del Trabajador Social Joaquín Cortez Díaz dentro del programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural y la Interculturalidad (PUIC) indica que los Estados del país con mayor concentración de población infantil que labora en este rubro son Colima, Guerrero y Puebla, en tanto en Baja California Sur y Sinaloa impera el trabajo infantil en la agricultura y, en las grandes ciudades el trabajo suele realizarse en el espacio público en actividades que derivan en el consumo de drogas para sobrellevar jornadas laborales extenuantes, como se menciona en dicha investigación.

El problema de una infancia en condiciones de esclavitud laboral y pobreza es tema de agenda en instancias como la UNICEF y es conocido en distintos foros internacionales, por ejemplo, el Foro Económico Mundial de Davos (2018) donde se manifestó la preocupación por una cada vez mayor desigualdad en el mundo, ya que en los últimos cinco años no se han evidenciado resultados en materia de políticas de reducción de la pobreza, ni aumento en los ingresos de los hogares, en México podemos evidenciar claramente como con el paso de los años se ha ido perdido poder adquisitivo.

En este sentido “la lenta mejora en el nivel de vida y la creciente desigualdad han contribuido a una polarización política y a una erosión social en economías avanzadas y emergentes” que lejos de reducir las brechas económicas entre los muy ricos y los extremadamente pobres, reproduce estas condiciones, aumentando el rechazo a posibilidades políticas y sociales de coexistencia, disminuyendo -en el caso de los entornos en condiciones de pobreza de países emergentes- la esperanza de vida, las posibilidades de acceso educativo y por ende una mejora en los ingresos futuros de sus habitantes en contraste con las condiciones de los ciudadanos de naciones con economías avanzadas.

Los países latinoamericanos, cargamos con la explotación histórica de los recursos naturales en la región, la falta de transparencia y el peso de la corrupción que a México le costó 672 mil millones de pesos en el año 2000 y 2.1 billones en 2016, sin tomar en cuenta las últimas investigaciones de desvío de recursos a empresas fantasma de la Secretaria de Desarrollo Social (SEDESOL) para la creación de programas de reducción de la pobreza, que obviamente nunca se concretaron perjudicando todavía más a este sector vulnerable de la población.

Ante este estado de cosas el director de la Organización Internacional del Trabajo Guy Ryder prevé un panorama catastrófico de no reducir estas desigualdades y, si aspiramos llegar al 2025 con un mundo sin trabajo infantil requeriremos de mucha voluntad política (cosa que falta en México), pues la pobreza forma parte de nuestra realidad nacional… ¿cuáles son las posibilidades de romper estos círculos viciosos de reproducción social y política de la pobreza? ¿cuáles son las posibilidades de esos niños para aspirar a una vida digna, ser ciudadanos responsables con probabilidades de aspirar a hacer y ser lo que sueñan hacer y ser? ¿qué les estamos quitando? ¿qué les estamos negando?… su infancia, su infancia perdida.

AraceliAraceli Fabián
Académica y estudiosa de la comunicación,
los fenómenos sociopolíticos y  el periodismo.

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