De política y religión SÍ se habla en la mesa

|Por Oscar Augusto Juárez|

“De política y religión no se habla en la mesa” ¿Le suena la frase?

Durante muchos años, en algunas familias, esta idea por excelencia ha delimitado los temas sobre los cuales podemos hablar tranquilamente y cuáles son aquellos, que por los distintos puntos de vista, mejor evitamos para no caer en conflicto y generar enemistades.

El origen de ello, quizá tenga que ver con una cuestión de modales, para no importunar e incomodar a los invitados que vienen de visita. Imagínense qué incomodo resulta que uno vaya a degustar los alimentos a una casa ajena y lo confronten preguntándole su opinión sobre alguno de estos temas ¿no?

Entonces ¿de qué podemos hablar?

“La hora de comer” o “de cenar”, representa un espacio de encuentro entre las familias y las amistades; una pausa en nuestra jornada laboral o educativa, para dar paso a compartir los alimentos y un rato de nuestro tiempo con nuestra gente. Si la televisión y los celulares no dominan aún nuestro entorno, regularmente hacemos un recuento de cómo nos ha ido en el día, nos actualizamos si tenemos tiempo sin vernos y dependiendo la persona, expresamos cómo nos sentimos respecto a algún tema, ya sea personal o social, pero en muchas ocasiones, recordando aquella mítica frase que la dijo algún familiar en un espacio similar.

Pero ¿qué tanto nos ha beneficiado esto?, ¿los conflictos religiosos y políticos han disminuido? ¿nuestros políticos son más honestos?, ¿la situación del país ha mejorado al evitar estos temas?

No. Todo lo contrario. El tabú hacia la política nos ha hecho crecer vulnerables, incapaces de entender muchas veces lo que pasa en la vida de nuestro país y por ende, incapaces de resolverlo, dejando las decisiones en otras manos, al final hay temas que no nos afectan… o creemos que no, y cómo vamos a saber eso, si nunca nos hemos involucrado, no hemos platicado al respecto o expresado cómo nos sentimos sobre cierto tema ¿para qué? si de política no se habla en la mesa.

No tenemos la costumbre de exponer argumentos y defender nuestro punto de vista de manera firme, sin caer en la descalificación o las burlas para desacreditar al que piensa diferente, pero cómo vamos a saberlo, si de esos temas no se habla en la mesa.

El núcleo familiar es el primer lugar donde se aprende a debatir y a participar políticamente, a partir de las reflexiones, del diálogo y la escucha. La ausencia de esta práctica genera que la persona crezca sin interés y conocimiento sobre temas que aparentemente no tienen relevancia en su vida, ya que también existe la falsa creencia de que “hasta que a uno le toca, cobra conciencia”; sin embargo, no se necesita ser la causa para defenderla.

El 2018 está a la vuelta de la esquina, resulta urgente y necesario tomar una postura, participar y hacernos oír, que en nuestros espacios de encuentro predomine el diálogo, así como hablamos de series y futbol, que podamos plantear inquietudes sobre nuestra ciudad, el estado y el país. Recuperemos aquellas charlas de café y cerveza, donde jugamos a arreglar el mundo, retomemos el mirarnos a los ojos y encontrarnos en esas cosas que nos duelen, pero que no expresamos por temor a importunar o incomodar, reencontrémonos en la esperanza y los sueños, porque por ahí es donde pasa el futuro que queremos.

Oscar Augusto JuárezOscar Juarez

Politólogo y abogado por el ITESO

Presidente de la USAI

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