Portación de cuchara, nuevo delito

Al famoso delito de “portación de cara” nuestras autoridades –coludidas con algunos vecinos de la colonia Providencia– acaban de añadir otro: “portación de cuchara”. Respecto del primero, son bien conocidas las ilegales revisiones que la policía hace de personas a quienes se les considera sospechosas solamente por su apariencia: porque se visten de cierto modo, tienen tatuajes, cortes de pelo “extravagantes” o, simplemente, por ser jóvenes.

Ahora, según nota dada a conocer por el diario Mural, la Fiscalía General del Estado dice que para disminuir los alarmantes índices de delincuencia en esa privilegiada zona de la ciudad, se hará un censo de trabajadores de la construcción, quienes de facto y apriori se han convertido en los principales sospechosos de esos actos delincuenciales. En el censo se indagarán los nombres de los albañiles y sus domicilios (y supongo que se revisarán sus pertenencias para ver si traen cajón, nivel y cuchara). Ya el Fiscal General, Eduardo Almaguer, había lanzado desde mediados de octubre esta perla:

“Regularmente donde hay una construcción ocurren uno o varios robos, pues ellos –los albañiles– se dan cuenta de los movimientos en las casas, quiénes entran o quiénes salen” (Milenio, nota de Jorge Martínez 19/10/2017)

¿Así o más clasistas nuestras autoridades encargadas de vigilar nuestra seguridad?

Al leer esta información recordé aquel sonado asunto de hace unos años: algunos vecinos de esa misma colonia pretendían que las trabajadoras domésticas que prestaban sus servicios en la zona –seguramente con todas las prestaciones de ley cubiertas ampliamente por esos cumplidos patrones– no acudieran en su día de descanso a uno de los parques de la colonia. El caso fue ampliamente documentado en los diarios de entonces. Al respecto recomiendo el reportaje “El Parque de las Gatas” de Ángel Melgoza que se puede leer aquí, y donde cita una nota de la periodista Alicia Calderón en el diario Público:

“Cuadras antes de llegar al parque, había policías que retenían a personas de aspecto indígena, a quienes hacían quitarse los zapatos para hacerles una revisión. Se volvió común la detención de jóvenes indígenas, a los que se “paseaba” en la patrulla hasta alejarse del parque para extorsionarlos.”

Más allá de los muy dudosos resultados que se pudieran obtener para la disminución de delitos con esta medida intimidatoria contra un sector de trabajadores, hay que insistir en que se trata de un recurso clasista e ilegal, indigno de autoridades que, se supone, gobiernan para todos y no solamente para las clases pudientes de Guadalajara.

Ya un visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos ha alertado sobre la discriminación que el mencionado censo supone, lo cual es un delito. Así pues, las autoridades pretenden, de nuevo, erradicar un delito cometiendo otro. Esquizofrenia campante.

Alfredo Sánchez
Acerca de Alfredo Sánchez 36 Artículos
Músico // periodista // hombre de la radio

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