Precampañas desabridas

|Por Juan José Doñán|

El pasado domingo 11 de febrero llegó a su fin el llamado periodo de precampañas, que si por algo se caracterizó en Jalisco no fue precisamente porque los aspirantes a diversos cargos de elección popular hayan levantado el entusiasmo ni entre la militancia partidista ni muchos menos entre los potenciales votantes de la comarca.

Dejando de lado el caso de los tiradores a la presidencia de la república, donde el rival a vencer era, es y por lo visto seguirá siendo Andrés Manuel López Obrador, a quien todas las mediciones ponen arriba en las preferencias electorales, lLos jaliscienses que participaron en las precampañas tuvieron una actuación tibia, por no decir que desabrida, pues la nota y los reflectores se los llevó la recolección de firmas de apoyo emprendida por los jóvenes tapatíos que pertenecen a wikipolítica y quienes aspiraban a conseguir su registro como candidatos independientes al Congreso de la Unión y al Congreso de Jalisco.

Fuera de esta cruzada de los wikipolíticos, cuyo representante más conocido es el del ahora aspirante al Senado de la república, Pedro Kumamoto, rara fue la ocasión en que las recién concluidas precampañas llegaron a cundir verdaderamente en el ánimo popular.

Y entre esas raras excepciones habría que mencionar la ocasión en que la caravana del precandidato de Movimiento Ciudadano a la gubernatura de Jalisco, Enrique Alfaro, fue detenida por elementos de la Fiscalía General de Jalisco cerca del poblado de Temacapulín, lo que sirvió para que Alfaro acusara a las fuerzas estatales del orden de querer amedrentarlo y para que, de inmediato, el gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, saliera a desmentirlo, diciendo que se había tratado simplemente de una revisión de rutina, en una carretera por la que suelen transitar organizaciones criminales, y que el abanderado de MC hacía mal en querer hacerse la víctima.

Este fue el hecho más notable de las precampañas al gobierno de Jalisco, pues los mítines y actos de proselitismo interno no emocionaron a nadie y más bien pasaron inadvertidos, lo mismo en el frente de MC que en la trinchera tricolor, donde Miguel Castro Reinoso, al igual que José Antonio Meade, no levanta el ánimo de nadie.

Y por lo que hace al desfondado Partido Acción Nacional de Jalisco, éste no sólo se tardó eternidades en registrar a sus precandidatos a la gubernatura, sino que quien pareciera que acabará siendo su abanderado (Miguel Ángel Espinoza) ha venido actuando como un desahuciado, como un condenado a perder que, para colmo de males, no parece dispuesto a salirse de ese guion.

Por lo que respecta al PRI y para sorpresa de propios y extraños, los del tricolor no se decidieron por el senador Arturo Zamora, quien parecía ser su carta más fuerte para tratar de retener la gubernatura de Jalisco…

Sino por el ya mencionado Miguel Castro Reinoso, ex alcalde de Tlaquepaque y ex secretario de Desarrollo Social en el estado y quien en cualquier casting calificaría sobradamente para representar a la víctima perfecta.

Las preguntas son inevitables. ¿Por qué la cúpula tricolor –tanto la nacional como la de la comarca– hizo a un lado a quien todas las encuestas ubicaban como el priista políticamente más rentable de Jalisco (Arturo Zamora) y, en lugar de ello, se decidió por un funcionario de poco arrastre?

¿Acaso porque no pudieron convencer a Zamora para que fuera el contendiente de Enrique Alfaro? ¿O porque, al igual que lo que sucede con el candidato a la gubernatura de Acción Nacional, desde ahora se dan por perdidos y prefieren que sea Castro Reinoso y no el ex alcalde priista de Zapopan el que eventualmente termine levantándole la mano al favorito Enrique Alfaro?

Éste, sin embargo, no parece que vaya a tener un día de campo en la campaña oficial que comienza el 30 de marzo. Y no tanto por sus alternantes de los otros partidos sean de temer, sino por la salida de quien iba a ser su coordinador de campaña (Alberto Uribe), por otras eventuales deserciones, las cuales no habría que descartar, y también por el factor López Obrador, que indudablemente jugará en su contra y le restará votos. ¿Tantos cómo para estropearle el triunfo al alcalde con licencia de Guadalajara? Por ahora no pareciera ser así, pero más vale no adelantar vísperas ni tampoco hacer pronósticos, pues también en el terreno electoral es preferible –y sobre todo menos riesgoso– el papel de historiador al de profeta.

Por ahora sólo queda decir que las precampañas en la comarca fueron más bien desabridas.

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