Un retrato “familiar” para un clásico

Aunque no ha sido difundido como debiera, el volumen Conversaciones con Sartre (Sexto Piso, 2011), del francés John Gerassi, recoge una síntesis no muy breve de una serie de grabaciones en las que se registran algunas pláticas que sostuvo el periodista con el reconocido filósofo y escritor entre 1970 y 1974, entrevistas en las que se pueden apreciar los diferentes rostros del autor de La náusea, desde su visión acerca de su propia obra hasta la valorización que concedía a la amistad, el oficio de escribir, las mujeres o el compromiso político.

De esta forma, el libro consta de una transcripción expurgada y corregida de una veintena de conversaciones con Sartre que datan de hace más de cuatro décadas (reunidas en más de setenta casetes de entonces) y que, originalmente, se publicó en 2009 por la Universidad de Yale, en Estados Unidos; con todo, aclara Gerassi en su prefacio, si consideró una renovada edición fue porque algunas cuestiones mencionadas a lo largo de estas charlas “siguen siendo importantes desde una perspectiva histórica”, aunque tampoco niega que incluyó material “de memoria”.

Sin embargo, todo lo anterior no hace que pierda este libro algunos de sus fuertes atractivos; el primero entre muchos, descubrir a un interlocutor para Sartre que resulta sumamente “familiar” en más de un sentido. El periodista, hijo del pintor español Fernando Gerassi, amigo personal y muy cercano al escritor (y durante una época esencial en su desarrollo como pensador y autor, esto es, en el periodo entre guerras y la Guerra Civil española), es de esta manera un privilegiado que tiene carta abierta para cuestionar e, incluso, tocar con naturalidad asuntos de la vida privada de Sartre que dejan entrever su relación con quienes integraban su círculo cercano de amistades, amantes o colaboradores, sin dejar de lado –por supuesto– a Simone de Beauvoir.

A pesar de todo, quizá Conversaciones con Sartre no sea propiamente “atractivo” para el académico o profesor universitario, sino un compendio de anécdotas o explicaciones de interés para un sector más amplio de lectores, un muestrario de opiniones y relatos que “dibujan” un poco más claramente la figura de Sartre ante los ojos de muchos que, por qué negarlo, desde hace no pocos años, no han dejado de “asomarse” a sus obras.

Queda claro que, en estas entrevistas, se encontrará a un hombre que moriría unos años después –en 1980– y que ya acusaba problemas físicos notables (una ceguera parcial que se incrementaba de manera constante); a pesar de ello, en sus palabras no deja de asomarse el buen humor, los estallidos de inconformidad o desacuerdo, las respuestas defensivas o las aclaraciones en las que pone de manifiesto una forma de acercarse al oficio de la escritura como una actividad indisociable de la vida y el cuerpo.

Conversaciones con Sartre es, en estos términos, un libro nada breve cuya lectura puede tal vez compararse con escardar, cual gambusino, el légamo de un río para dar con más de una pepita (las hay, y muchas); por ello es probable que despierte más el ánimo de los aficionados a la historia del pasado siglo o los defensores abiertos del “compromiso social” en la literatura. Un lector paciente, la verdad, no se verá defraudado.

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