Revelaciones sobre el poder

Puede que no se trate de una las obras más conocidas del escritor siciliano Leonardo Sciascia (Racalmuto, 1921-Palermo, 1989) pero, aunque sus trabajos literarios sean más abundantes en las librerías, no está de más hacerse con un ejemplar de El caso Moro (Tusquets Editores, 2011), un libro que se constituye como un “ejercicio interpretativo” acerca del affaire que desembocó en la muerte del entonces líder de la organización política Democracia Cristiana en Italia, secuestrado por el grupo radical Brigadas Rojas en marzo de 1978; así, en la tradición de otros escritos de carácter “político” de Sciascia (como, por ejemplo, De parte de los infieles), este texto sobre aquellos meses críticos no deja de referir y establecer un juego de espejos con la literatura.

Para Sciascia, quizá uno de los más atentos observadores de la cultura en su país (y, en especial, su natal Sicilia), la interpretación de las cartas que Aldo Moro envió durante su cautiverio a su familia y diferentes personalidades del ámbito político italiano, revelan cómo el “Estado” –al que confiesa “nunca” haber visto en su país– cierra un cerco en contra de la negociación de presos políticos para ayudar a su rescate y, además, contribuye a la “muerte civil” del político y catedrático que, finalmente, sería asesinado por sus captores.

Ríos de tinta han corrido por décadas acerca del asesinato del líder democristiano; de hecho, lo que le pasó a Aldo Moro puede compararse con otros homicidios de personajes políticos en diferentes naciones y eras, en especial por lo que ha quedado sin aclarar en las versiones oficiales de cada caso y el gran impacto político y social resultante. No hay que olvidar que Moro era una figura pública importante y, por ello, no carecía de enemigos (dentro y fuera de su propio partido); además, Italia atravesaba entonces por un periodo político muy complicado.

Por otra parte, en este volumen se incluye no únicamente la obligada cronología del incidente sino el informe que el propio Sciascia, en su calidad de diputado, presentó al congreso italiano, en el cual se consignan las “fallas operativas” y la lentitud con la que operaron las diferentes instancias de seguridad; en este sentido, el tono irónico en el que dicho informe está redactado hace pensar –lo mismo que el texto sobre las cartas– en las veleidades del poder y el manejo de determinadas situaciones en las que se exhiben sus conveniencias y directrices más sucias; permite “entrever” (sin acusar de manera directa) los procedimientos para “transformar” públicamente la imagen de un hombre y, como sucedió, abandonarlo a su suerte.

Para llevar a cabo esta labor interpretativa, Sciascia echa mano –y cómo no– de ejemplos que provienen de la literatura; confronta los discursos y los hechos con sus estrategias narrativas, con la estructura de su relato. En estos términos, no resulta extraño topar consignados en el libro tanto a Borges como a Poe, lo mismo que grandes nombres de la tradición italiana (Dante, Pirandello y Manzoni, nada menos), pero también es posible topar con un ejemplo y cita tomados de la novela El águila y la serpiente, del mexicano Martín Luis Guzmán.

Ahora, si bien es cierto que se trata de un libro determinado en buena parte por el suceso investigado y por el tiempo en que ocurrió, lo que va quedando al descubierto en esta lectura –y dicho proceso político-judicial– son perlas nada despreciables en lo que respecta al papel del Estado y la Iglesia ante contingencias de este tipo, lo mismo que los medios encargados de la difusión de los “hechos” y la cultura “mafiosa” en Italia. Este libro es, después de todo, un texto que desnuda el poder (esa “horrible palabra”, insiste el autor) y su ejercicio, reconociendo –como el propio Aldo Moro– “su faz monstruosa, estúpida, feroz”; algo invaluable para tiempos como los actuales en un país como el nuestro.

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