Revivir cadáveres

Foto: Archdaily.com

|Por Juan José Doñán|

En su trayectoria como funcionario público, la cual se extiende ya a lo largo de más de 15 años, Enrique Alfaro no se ha caracterizado precisamente por ser un buen promotor de la cultura, y ello a pesar de haber desembolsado, con ese fin, grandes sumas de dinero público. El problema con el actual gobernador de Jalisco –y, antes de ello, presidente municipal de Guadalajara, diputado local, así como regidor y alcalde Tlajomulco– es que, a la hora de idear y de querer promover las manifestaciones artísticas e intelectuales, tanto él como sus colaboradores en la materia han actuado con muy poco tino. Así, por ejemplo, en el pasado reciente –antes de convertirse en inquilino de Casa Jalisco– a Alfaro le dio por dilapidar parte del dinero de los contribuyentes lo mismo en un programa de presunto arte urbano que en festivales oropelescos como el que fue bautizado con el nombre de “Sucede”, de naturaleza más bien circense y que no más allá del entretenimiento inane.

Por lo que hace al programa de presunto arte urbano, que el actual mandatario de Jalisco no pudo terminar durante su periodo al frente del Ayuntamiento de Guadalajara y que por lo tanto terminó por heredarle a su sucesor, dicho programa ha cargado desde un principio con graves estigmas como su alto costo, su pobreza estética, el no ser bien aceptado socialmente y el hecho de haber sido asignado de manera autocrática, en la medida en que quienes fueron elegidos para realizar la docena de esculturas, para ser instaladas en distintos espacios públicos, acabaron siendo en su mayoría pintores de la localidad, quienes paladinamente fueron improvisados como escultores, con el agravante de que su designación no corrió a cargo de un jurado que estuviera integrado por personas calificadas e independientes, sino por funcionarios segundones del propio Ayuntamiento de Guadalajara. En otras palabras, fueron asignaciones hechas mediante el típico dedazo, a un costo que, hasta ahora, cuando ya es otra persona la que despacha en la primera oficina de la Presidencia Municipal de Guadalajara, ronda los 50 millones de pesos.

Una suma apenas inferior es la que se tiene presupuestada para gastarse este año en un envejecido proyecto culturoso, de nombre cómicamente alrevesado: Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo, una descocada casa de las musas que desde hace más de diez años se pretende construir en un terreno que impunemente le fue cercenado a uno de los pocos espacios públicos de recreación que existen en el norte de la ciudad, específicamente en el municipio de Guadalajara: el parque Mirador Independencia, el cual se localiza entre el extremo norte de la calzada Independencia y la barranca de Huentitán.

Apenas la semana pasada se supo por el señor Hugo Luna, jefe de asesores del gobierno de Jalisco, que para este año dicho proyecto museístico cuenta con una partida de 40 millones de pesos, los cuales desembolsaría el gobierno de Jalisco, a fin de poder reanudar las obras de construcción que permanecen suspendidas desde hace cinco años, es decir, desde el momento en que la pasada administración estatal dejó de asignarle recursos al proyecto, el cual promueven, con mucha saliva pero no con pocos recursos económicos, varios empresarios de la localidad, agrupados en la asociación civil Guadalajara Capital Cultural.

El Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo, que hasta ahora no ha pasado de la cimentación y de algunos muros a medio construir, fue ideado hace más de una década como un proyecto museístico de repuesto, luego de que en 2007 fracasara estrepitosamente el también nonato Museo Guggenheim de Guadalajara y en el cual, no obstante, ya se habían gastado varios millones de dólares de dinero público, aparte del terreno de 11 mil metros cuadrados que, con el consentimiento de las autoridades municipales de entonces (léase de los alcaldes Emilio González Márquez y Alfonso Petersen Farah, con sus respectivos cabildos), le fue sustraído al parque Mirador Independencia y cuya valor, en la actualidad, sobrepasa los 200 millones de pesos.

El anuncio de que el proyecto museístico de marras va a ser reanimado por el gobierno de Enrique Alfaro equivale a querer revivir cadáveres, y de hacerlo a costa de los contribuyentes, pues sus presuntos promotores desde el sector privado no han pasado de ser, hasta ahora, mecenas fementidos como el ex secretario de Turismo, Aurelio López Rocha, o como el dueño del periódico más añejo de la comarca, Carlos Álvarez del Castillo.

Según los cálculos del diario NTR Guadalajara(5 de agosto de 2019), en el proyectado Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo, se llevan gastados ya “alrededor de 400 millones de pesos”, aun cuando el proceso de reanimación de ese cadáver exquisito “no está siquiera a la mitad”. Lo anterior significa que su costo final estaría superando sobradamente los mil millones de pesos, una suma que obligadamente tendríamos que aportar los contribuyentes, pues los socios de Guadalajara Capital Cultural, no obstante ser acaudalados hombres y mujeres de negocios, en la práctica no pasan de ser mecenas de saliva, pues sus afanes culturosos dependen de lo que consiguen sacarle a Papá Gobierno. Y, por lo que parece, el gobernador Enrique Alfaro aceptó, nuevamente, representar el doble papel de protector de las musas fachosas y de resucitador de cadáveres culturosos, aun cuando, para variar, los verdaderos “paganos” terminen siendo otros: las personas (físicas y morales) que pagamos impuestos.

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