Que el SAT fiscalice a los partidos

Sepa la bola

En 278 días será la jornada electoral. Se ve lejana, pero en realidad ya nos encontramos en medio del mar donde las corrientes nos llevan de un lugar a otro. Se avecinan tormentas. Diluvios. Truenos y relámpagos. Amaneceres. Falsos barcos rescatistas. Flotamos, golpeados, en este país sumergido en un océano de corrupción. Con una clase política que viaja en yates, alejada de la fatiga ciudadana que busca no ahogarse.

Ante este panorama –después de múltiples sismos que han dejado más de 420 muertes y millones de damnificados–, de nuevo, los partidos políticos pelean por arrebatarse puntos porcentuales en la preferencia electoral. La estrategia: la reducción o incluso la renuncia del financiamiento público a estos órganos para donarlo a la reconstrucción por los terremotos. Si aprueban la propuesta tal cual, sería un error.

Con ello, no es que los partidos busquen “botear” con sus militantes, sino que nos llevaría a abrir las puertas a empresas con gran capacidad económica para in-ver-tir su dinero en estos órganos, que deberían representar los intereses ciudadanos, posibilitando los acuerdos privados y favoreciendo a unos pocos (la iniciativa es algo así como un #SinEmpresariosNoHayDinero).

¿Quién les dijo a los partidos que eran ellos los que deciden cómo queremos vivir nuestra democracia? ¿Acaso el PRI ya olvidó que sus legisladores frenaron la reducción del financiamiento propuesto en #SinVotoNoHayDinero? ¿Qué el PAN no se pronunció? ¿Qué el PRD no dijo ni pío? ¿Acaso el Verde olvidó que impugnó en ante la Suprema Corte esta iniciativa? ¿Desmemoria o hipocresía?

En 2012, el lúcido Felipe Vicencio describió a la partidocracia como “un régimen de facto en el que los partidos políticos se arrogan la representación ciudadana y deciden a nombre de todos los demás, viendo por su interés particular y sin considerar realmente las aspiraciones de la sociedad […] la democracia se deforma y se debilita en su sustancia, en el que las cúpulas partidistas asumen un poder que formalmente no les corresponde y en el que los partidos expanden su presencia e influencia en la vida pública en proporción directa al debilitamiento del resto de las instituciones del Estado”. ¿Les suena?

Estamos ante un escenario político-electoral en el que los partidos no dan paso sin huarache; que debemos preguntarnos lo que hay detrás de esta guerrilla mediática populista (ojo, y no sólo de López Obrador). Como ciudadanos tenemos como armas la información y las rede sociales, así como la protesta por aire y tierra. No caigamos en falsas salidas.

En todo caso, si aprueban o no estos cambios a los estatutos legales (incluyen la desaparición de “los pluris”), desde hace muchos años el Servicio de Administración Tributaria, el SAT para los compas, debería entrarle al tema; a la fiscalización de los partidos políticos y no sólo el INE o institutos locales. Mi idea puede sonar ilógica, pero quizá no menos que la de los políticos. Al final de cuentas, los partidos son contribuyentes o tienen transacciones con otros contribuyentes. Mentirle al SAT es un delito grave y con los “dientes” que ha sido dotado, sería pertinente que “mordiera” el tema.

Migaja

En Jalisco nos faltan 2 mil 804, bueno esto según la información del Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas.

Julio González
Acerca de Julio González 60 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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