Ser pobre, mujer e indígena

Sepa la bola

Sepa la bola

La historia es inverosímil: tres mujeres indígenas del pueblo de Santiago Mexquititlán, al sur de Querétaro, secuestraron a seis agentes de la Agencia Federal de Investigación (AFI), armados y entrenados. Tres indígenas que vendían sus productos en un mercado, supuestamente, habían desarmado y sometido a seis efectivos de una corporación policiaca. El jueves 3 de agosto de 2006, Alcántara Juan, Teresa González Cornelio y Jacinta Francisco Marcial fueron detenidas. Secuestradas legalmente, como lo calificó la hija de la última en la lista.

El caso foliado con el número 48/2006 fue un acto del México injusto. Las tres mujeres indígenas ni desarmaron a los agentes de la AFI ni los secuestraron ni vendían piratería (el operativo en el mercado tenía como objetivo el decomiso de productos apócrifos) ni hicieron nada fuera de la ley. Pero eso sí, fueron sentenciadas a 21 años de cárcel y el pago de 90 mil pesos. “Sólo” cumplieron 10 años y seis meses de la condena porque la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) dio marcha atrás a la orden judicial. Vivieron casi 11 años de su vida encerradas.

“Diversas organizaciones de Derechos Humanos han denunciado casos donde personas pertenecientes a pueblos indígenas son acusados por algún delito y presentados ante el ministerio público o el juez, y muchos de ellos quedan en situación de indefensión por no hablar o entender el castellano y no contar con un intérprete en su lengua”, apunta el Documento Informativo sobre Discriminación  Racial en México de la Conapred. Fue el caso de estas tres mujeres indígenas.

El 21 de marzo es el Día Internacional de la Eliminación Racial y México tiene una deuda con los indígenas. En este país casi 16 millones de personas se consideran indígenas y 39% vive en condiciones de pobreza extrema.

Regresando al caso de las tres mujeres indígenas, la Procuraduría General de la República (PGR) se resistía a pedir perdón, reconocer su error públicamente y resarcir el daño. Fue hasta el 22 de febrero de 2017, con un acto protocolario, que el titular de la dependencia federal, Raúl Cervantes, “limpió” el nombre de estas tres mujeres indígenas.

El sitio Sinembargo.mx publicó hace un año que en 2013, al menos 42% de los presos de México eran inocentes (diariocritico.com) y que en 2016 aumentó la proporción: al menos la mitad de los reos del país son inocentes (lajornada.unam.mx).

Estela Hernández es profesora e hija de Jacinta Francisco Marcial, y fue quien durante el acto protocolario dio un discurso tan potente como para desnudar el sistema político mexicano y la cosmovisión de los enamorados del capitalismo neoliberal. El mensaje fue contundente: “actualmente conocemos autoridades ignorantes, corruptos y vendidos. No les damos las gracias, les exigimos que si no saben hacer su trabajo, renuncien a sus cargos. Si no tienen dignidad, que sea por vergüenza. Si no tienen vergüenza que sea por sus hijos, por mis hijos, por los de todos nosotros”.

“A los que sólo piensan en dinero como reparación de daños, no se preocupen, no nacimos con él ni moriremos con él […] Nuestra riqueza no se basa en el dinero, pueden estar tranquilos. Lo haremos llegar a donde deben estar: a los abogados particulares que nos robaron […] No estamos contentos ni felices por este acto de disculpa […] Pedimos el cese a la represión de los pueblos indígenas, a la persecución de luchadores sociales y a la liberación de presos políticos”.

“Ser pobre, mujer e indígena no es motivo de vergüenza”.

“Hasta que la dignidad se haga costumbre”.

Migaja

Este es un terco y entusiasta esfuerzo periodístico, comprometido con el lector. Seguiré rellenando con pixeles oscuros sus monitores, espero que en conjunto abonen a interpretar un cachito de la realidad. Seguiré tecleando para usted, lector, seguiré escribiendo sobre… sepa la bola.

Julio González
Acerca de Julio González 107 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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