Sincretismo, ¿para quién?

Sincretismo

| Por José Acévez |

El pasado lunes, las autoridades del ayuntamiento de Guadalajara, incluido Enrique Alfaro, develaron la tercera pieza del programa Arte Público, que busca colocar en distintos puntos de la ciudad, esculturas de varios artistas. El programa, como muchos saben, ha sido escandaloso, que porque “qué caro”, que porque “hacen falta otras cosas”, que porque las piezas no convencen (las dos conocidas hasta ahora han sido fuertemente criticadas: una plumota, literal, de Pedro Escapa, y una macetota, literal, de José Fors). El escándalo, sobre todo, se ha mantenido después de que se consideró sumamente cara la pieza de Fors (esto es muy difícil de sostener en el campo artístico cuya única regla es la especulación), así como el pago de un favor político por parte de Alfaro. También, creo yo, porque la pieza es algo “peculiar” (para mí, tremendamente fea, aquí les digo por qué) y porque se iba a colocar en la plaza de los Dos Templos, único de los pocos resquicios barrocos que le quedan a Guadalajara. Así, el ayuntamiento, en especial el alcalde, han tenido que defender una y otra vez la importancia de la inversión en arte público y recurrir a argumentos que engalanan nuestra “identidad” y nuestra “historia”.

En medio de esta coyuntura, se develó la pieza más cara del programa, que aunque muchos conocían ese dato, casi nadie la señaló con la puntualidad con que lo hicieron con Fors. La pieza se intitula Sincretismo, y se trata justo eso. A mi muy peculiar gusto, le parece la menos mala de las tres presentadas hasta hoy. Aunque no me convence por completo. Su escultor, Ismael Vargas, se ha reconocido desde hace tiempo por resaltar elementos muy “mexicanos” (colorido, atiborrado, folclórico) y esta nueva pieza cumple con ello.

La escultura nos remite al papel picado, que a manera de espejo, construyen una figura que se hace de la virgen de Guadalupe en fundición con Coatlicue, diosa mexica que al parecer se veneraba en el cerro del Tepeyac antes de la llegada de los españoles. Esta reflexión no es nueva, ha sido tratada por historiadores como Miguel León-Portilla o Edmundo O’Gorman, así como en otras piezas de arte, en la que más encuentro referencia es en el tríptico Nuestros dioses que Saturnino Herrán dejó incompleto. A la vez, la reflexión de Vargas sobre el sincretismo (esa mezcla de culturas que generan una nueva), me parece que es poco apropiada para la región. Es una lectura, ciertamente, muy mexicana; es decir: muy de la Ciudad de México. Y aunque es innegable que todo el país depende culturalmente de lo que sucede y sucedió en la antigua capital del imperio mexica, me pregunto si no hubiera sido más potente considerar otras muestras de sincretismo que tuvieran mayor eco con la historia de Guadalajara o Jalisco. En términos religiosos, pienso en el tremendo arraigo de la virgen de Zapopan o la de Talpa, así como en la riqueza mitológica del pueblo wixárika. ¿Qué hay de eso a la hora de reflexionar sobre el sincretismo desde Jalisco?

Saturnino Herrán
Imagen: tríptico Nuestros dioses de Saturnino Herrán (Imagen: Especial).

Aun con esto, podemos decir que la pieza está bien ejecutada y su estilo particular no atormenta a la ornamentación pública (a mí me parece arcaica y poco dialogante con otras escuelas o tradiciones, sin embargo apelo a que es distintivo del trabajo de Vargas y de buena parte de los artistas locales que se han desarrollado en y para Guadalajara). Sin embargo, yo mantengo mis dudas en cuanto al espacio donde se colocó. Si bien, como nos recordó Diego Petersen en esta crítica positiva hacia la obra, la pieza está en el ingreso a Mezquitán, uno de los cuatro barrios indígenas que tuvo Guadalajara cuando se fundó. Esto, sin duda, le da mayor potencia a las intenciones del artista y al discurso mismo de la pieza. Aún así, me gustaría considerar su cercanía con el templo del Refugio; ¿no es este edificio y su inigualable ubicación también una muestra de arte público? Resulta entre absurdo y fascinante observar cómo la modernidad amplió avenidas, pero no se atrevió a tumbar (todos) los templos. Y ahí, en el ajetreo automovilístico del centro, la iglesia nos remite a un pasado más tranquilo.  Por lo que me pregunto si sí era necesaria la escultura en ese lugar, ¿aporta algo a una dinámica urbana que ya está bien consolidada, que funciona y es amable con casi todos los transeúntes? El punto de Petersen me parece el más válido y me gustaría creer que las autoridades tomaron la decisión bajo este criterio.

 

Pedro Escapa
Imagen: La pluma es un elogio a los periodistas, según el artista Pedro Escapa (Foto: Cortesía)

Este mismo punto, el de la pertinencia urbana, es en lo que muchas piezas pueden fallar, más allá de la discusión meramente estética. Si bien ya aclararon que la macetota de Fors no irá en los Dos Templos, vamos a ver cuáles son las decisiones del Ayuntamiento en cuanto a zonas merecedoras de engalanamiento. La de Escapa me pareció un fracaso por dos motivos: Américas y Pablo Neruda son un cruce imposible para todos, peatones, usuarios de transporte público y automovilistas. Además, la zona ya contaba con una plazoleta y un busto dedicado al poeta chileno, ¿por qué el afán de saturar más (también si tenemos en cuenta que a unos metros está la glorieta Colón)?

El programa ha sido un éxito en cuanto a difusión: todos hablan de él. Sin duda, hacía falta voltearnos a ver como ciudad, pensar en los espacios que son nuestros. Por lo mismo, ante esa necesidad, intuyo que las voces se han levantado y los ecos se han extendido, todos queremos una Guadalajara más bonita, eso sin duda. Pero, ¿quién y cómo se decide lo bonito?

José Acévez

 

José Acévez
Editor web de la revista Artes de México
y cursa la maestría en comunicación
en la Universidad de Guadalajara.

 

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