Sorpresas e interrogantes desde una novela histórica

|Por Ricardo Solís|

Mejor conocido por su trayectoria poética, Homero Aridjis no es un extraño en el panorama narrativo de nuestra lengua, pero a pesar de que la distribución de su obra no ha sido nada mala y algunas de sus novelas han cosechado opiniones favorables de parte de críticos y académicos, no puede decirse que haya conseguido un éxito arrollador en este ámbito.

Ahora, lo anterior viene a cuento porque apenas en estos días (y por casualidad) me enfrenté a una de sus primeras historias, publicada hace más de 30 años; me refiero, claro, a 1492. Vida y tiempos de Juan Cabezón de Castilla (1985), que originalmente editó Siglo XXI para después aparecer bajo el sello Tierra Firme del FCE (1998) y, hace poco, en Alfaguara (2015). Mucho camino recorrido para una novela extensa que a veces sorprende, pero plantea interrogantes por igual.

Para comenzar, aunque lejos de ser un experto en su trabajo, las andanzas de Juan Cabezón parecen ser la mejor historia que se le haya ocurrido a Aridjis, es decir, otras de sus novelas –pienso en Los invisibles (FCE, 2010) o Ciudad de zombis (Alfaguara, 2014)– no se acercan siquiera a su potencia evocativa o la calidad de su escritura. Esto, pienso, se debe a que se trata del libro que más y mejor se apoya en el trasfondo histórico para ser contado y, asimismo, esa distancia implica un proceso de trabajo con el lenguaje sumamente arduo y complicado (que rinde buen fruto).

En este sentido, descrita por sus promotores como “novela picaresca, novela de aventuras y documento histórico”, todo a la vez, lo cierto es que pretende tener todavía mayores alcances, porque asimismo se trata de una historia de amor muy “moderna”, si se permite el término, pues el personaje femenino (Isabel de la Vega) e interés sentimental del protagonista resulta, necesariamente, “inconveniente” para la época.

A lo que me refiero es que si bien el libro brinda una minuciosa recreación de la España del siglo XV (los hechos van de 1391 a 1492), el narrador es el propio Juan Cabezón, un descendiente de judíos conversos que tras quedar huérfano comienza una vida al lado de numerosos personajes picarescos con los que sobrevive hasta encontrar a Isabel, judía también conversa, aunque perseguida por las huestes de Torquemada debido a que mantiene sus costumbres ancestrales.

De este modo, en una España que no adquiere aun su nombre, donde el Santo Oficio nace y se establece para mantener el acoso a la población morisca y judía (que será expulsada de forma oficial mediante un edicto de los Reyes Católicos), en la que está por caer vencida Córdoba y Colón hace gestiones para su famoso viaje, Juan Cabezón recorre distintas poblaciones en busca de una esposa que le abandonó preñada de su hijo y a la sólo encuentra al final de la novela.

Sí, se trata de un final iluminador pero predecible, Juan halla a Isabel y su hijo cuando se aprestan a abordar una nave que los lleve a Flandes y él está por trasladarse al puerto de Palos, donde se alistará en una de las carabelas de Cristóbal Colón; asimismo, el tono de picaresca no es total y se abandona en ocasiones en favor de un dramatismo que raya en la afectación pero que, claro, no pierde lo que Carlos Fuentes calificó como “visión lirica” al referirse a este libro.

Es posible, después de todo, que esta historia continúe ejerciendo su atracción sobre los amantes declarados de lo que se ha dado en llamar “novela histórica”, sin embargo, a pesar de su adecuado sustento y su riqueza descriptiva, lo que a mi parecer falla es una estructura desigual que pretende querer explicarlo todo (cuando no es necesario) y en ocasiones nos aleja de sus personajes.

1 Comment

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*