Te cuento mi historia, por si necesitas un abrazo

|Por Valeria Campos|

Soy de un lugar pequeño, bastante católico y bastante conservador. Toda la vida crecí rodeada de gente a la cual le daba miedo lo que era diferente.Era más fácil rechazar lo que no conocían, que aprender de ello.

 Pero yo era muy pequeña, y también muy diferente, por lo que era más fácil pretender que era normal… hasta que ya no pude más.

 Te contaré mi historia:

 Todo empezó cuando estaba en la secundaria –incluso antes, tal vez, pero no lo recuerdo.

 A raíz de pensamientos tan machistas y tan arraigados a la cultura en la cual vivo, creía que el hecho de tener una relación con una mujer (siendo yo mujer) era algo normal siempre y cuando fuera en un contexto sexual, y para el placer y el deleite masculino.

 Tomando esto en cuenta, al final de mi pubertad y el inicio de mi adolescencia sabía que era normalque quisiera estar con una niña porque los hombres “aprobaban” eso. Que si yo algún día tenía novia estaba bien porque mi futuro novio entendería y estaría feliz –porque claro, las relaciones entre mujeres están tan sexualizadas que hasta me iba a dar “puntos”.

Pero el feminismo llegó a mi vida, y llegó para destruir todo lo que yo creía acerca de las relaciones, acerca de las mujeres y acerca de los hombres. El feminismo llegó para quedarse y me da gusto… pero esa es otra historia.

 Deconstruirme fue un proceso tan fuerte que me obligó a verme al espejo y a los ojos por primera vez en mi vida. Valeria, de 15 años, por primera vez se enfrentaba a sus primeros poemas dedicados a una mujer, aquella de “la voz prohibida”, la de “ojos perversos que perforan la moral”… y siempre terminaban con un sentimiento de culpa.

 A pesar de todas estas emociones encontradas, yo no era capaz de admitirme a mí misma quien yo era. Para mi seguía siendo lo normal… pero el tiempo, la experiencia y los conocimientos que fui adquiriendo al inicio de la etapa en la vida adulta me obligaron a dejar de sexualizarme a mí misma, me obligaron a tomarme de la cara y decirme “Valeria, eres bisexual”. Y qué miedo me dio ser sincera conmigo misma.

Creo que siempre me costó más decírselo a la gente que quiero más y que es más cercana a mí que a los desconocidos, por lo que verme a mí misma fue un proceso que duró años.

Estuve confundida, y, de hecho, todavía lo estoy… no por mi preferencia sexual, sino por todos los prejuicios que hay alrededor de ella, y por todas estas ideas que me hicieron creer en algún momento de mi vida que la bisexualidad no existía, que era una “etapa”. Estuve confundida por todas las personas que trataban de decirme quien “tengo” que ser, y que pretenden definir lo que es normal y lo que no.

 Te cuento mi historia porque creo en ella, y porque sé que es un abrazo al alma escuchar que hay más gente viviendo lo mismo que tú o algo similar.

Te la cuento también porque hay un alto índice de gente dentro de la comunidad LGBT que se suicida y que queda invisibilizada por sus familias. Te la cuento porque en este pequeño espacio le doy voz y validez a mi persona, y porque me encantaría transmitirte un poco de ésta para que también te hagas escuchar, y sepas que yo te veo.

Para mí estar “adentro de un closet” era más seguro, más sencillo… más doloroso. Vivir ahí dentro era sentir pánico de que si mi pareja lo descubría, pensaría que mis sentimientos no eran “reales”. Estar en ese espacio era anular una parte de mi ser.

 Entiendo que es difícil aceptarse y conocerse, pero también sé que es un alivio conocer a alguien que pasa por lo mismo que tú.

Lo único que quiero que sepas es que estoy aquí, yo y una comunidad hermosa que te va a recibir con los brazos abiertos cuando estés lista. Porque nos importas, a mí me importas mucho. 

Cada quién tiene su propio proceso, pero por favor, no le quites validez a tus sentimientos, no demerites a tu persona, eres preciosa por todo el amor que tienes que ofrecer.

Hoy más que nunca es necesario sentir, y por eso te escribo esta a carta a ti, si es que necesitas un abrazo. Te escribo a esta carta a ti, si es que te sientes sola. Te escribo esta carta a ti, para que sepas que aquí estoy; que te quiero mucho.

Valeria Campos

es estudiante de Relaciones Internacionales, apasionada por México y los Derechos Humanos.

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