Temporada de bagre

| Por Roberto Castelán |

Al cardenal emérito de la Iglesia católica no le interesa para nada el arte. Por su manera de pensar y de actuar, es fácil deducir que la reflexión sobre las corrientes estéticas no está entre sus prioridades. Tampoco, como miembro de una institución acostumbrada a romper las leyes más elementales de convivencia urbana, puede pensarse que el crecimiento armónico del área metropolitana esté en sus oraciones. En su ensotanado andar por la vida, tampoco se ha preocupado por llevar un mensaje de amor, armonía, esperanza y paz a los feligreses de su Iglesia.

Lo que sí ha hecho como ciudadano y desde su investidura religiosa, es adherirse con gran entusiasmo a una práctica política añeja, anquilosada en la verticalidad del poder y enemiga de todo lo que huela a democracia o derechos humanos.

Heredero de una férrea tradición conservadora y jerárquica de una Iglesia que se niega a modernizarse, el cardenal emérito supo combinar la sumisión, la obediencia, la lealtad y la disciplina de esa Iglesia con esa política, para construirse un espacio de poder desde donde transmitir un discurso de odio, esencial caldo de cultivo del miedo en busca de protección divina.

Conocedor de los tiempos políticos y de las fibras del miedo, suele aparecer, sobre todo en periodos electorales, como promotor de la confusión, la discordia, y el miedo en un electorado frágil, ignorante y desesperanzado haciendo indispensable su presencia frente a una clase política oportunista y cobarde con la intensión de defender los intereses políticos y económicos de la iglesia que representa.

Pretextos no le faltan: la indignación por la ampliación de los Derechos Humanos, el matrimonio homosexual y la adopción por parejas del mismo sexo, la supuesta protección de la familia, una visión retorcida del “progreso” del Estado, la “libertad religiosa”. Cualquier tema es válido para imponer su amenaza de odio.

Ahora, una magnífica idea convertida por el ayuntamiento de Guadalajara en un proyecto de “arte urbano” carente de contenido, criterios urbanos y estéticos, planeación y adecuada ejecución, le dio pié para, como los cobradores de la mafia cuando van a advertir a sus víctimas de una extorsión, presentarse y amagar a Enrique Alfaro, actual presidente municipal de Guadalajara y candidato a gobernador, hasta ahora más visible, y viable, de las próximas elecciones del 2018.

A pesar de que Enrique Alfaro mantiene buenos “canales de comunicación” con este oscuro personaje, entre ellos a su sobrino, José Luis Iñiguez, al diputado Valencia y al coordinador general de Construcción de Comunidad del ayuntamiento de Guadalajara, Bernardo Fernández Labastida, los tres entusiastas promotores de la “marcha del odio” en contra del matrimonio homosexual, así como a Alejandro Cravioto ex secretario de Cultura del gobierno de González Márquez y a Pablo Lemus, actual alcalde de Zapopan, para el cardenal emérito esto no es suficiente.

Las formas políticas que él conoce le exigen “enseñar músculo” y esto implica amagar públicamente, exponer las debilidades del adversario, o aliado dudoso, y adquirir ciertas ventajas cuando la discusión por los espacios en el próximo gobierno se lleve a la mesa.

Sus estrategias de amago incluyen el acoso desde el púlpito, la organización de reuniones de maestros y padres de familia de escuelas privadas cercanas al arzobispado y la activación de los viejos instrumentos de la Iglesia como la adoración nocturna, caballeros de Colón y demás rémoras de la sumisión eclesiástica.

Hasta ahora, su estrategia le ha funcionado. La clase política no ha sido capaz de deshacer esas viejas alianzas contrarias a la vida democrática. Ojalá esta vez no sea así. Los cambios en la historia implican la ruptura con estas anquilosadas formas de hacer política. La Iglesia nunca ha sido un buen aliado de la democracia.

En todo caso, el resultado lo sabremos en el 18.

 

 

Roberto Castelán Rueda
Profesor jubilado, doctor en historia y lector
de medios impresos a punto de extinción.

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*