Tenemos una autoridad que solapa el desorden

Supercívicos

||Para Arturo Hernández, una de las máximas que hacen daño al país es el “qué tanto es tantito”

|Por Julio González|

No todos los 249 mil suscriptores del canal en Youtube de los Supercívicos conocen cómo comenzó a empoderarse y a tomar forma esta iniciativa. Pero no porque no sepan cuál fue el video que sembró la idea a uno de los protagonistas de los clips, quiere decir que los seguidores de esta plataforma no conozcan que Los Supercívicos son un duo conformado por el comandante Hernández y Ese Wey que “lucha por mejorar la vida de los mexicanos poniendo ejemplos reales con toques de comedia, para lograr una convivencia supercívica y construir una mejor sociedad”, como relatan en su canal.

El comandante Hernández se llama Arturo y vivió por un tiempo en Miami, Florida. Ahí trabajó para el canal MTV Latino, pero por algunos motivos regresó a su país, México, y se encontró con un México deteriorado en civismo: “el gandalla hacía lo que quería”. Arturo venía de un país que pese a sus males podía ver que en gabacho la autoridad hace su función. No es que el país hubiera cambiado mientras Hernández estuvo en otro, sino que su mirada se agudizó y que, por ejemplo, algún conductor en su carro se estacionara obstruyendo la rampa para personas con discapacidad, le podía, digamos, hacer arder sus ojos –como cuando se te mete un mosquito–.

Arturo recuerda que “justo todo empezó con un vecino que siempre se estacionaba arriba de las rampas y entonces un día coincidí con él –relata–. Tenía un Audi del año; trajeado, joven. Y coincido cuando está estacionándose arriba de la rampa y le digo ‘carnal ¿por qué estás haciendo eso?’ y me dice ‘¡tú qué! ¿eres policía?’ y me repetía que le valía madre lo que le decía”.

-Algo te voy a hacer, no sé qué. Pero algo voy a hacer- Le dijo Arturo

-Me rayas el carro y te parto la madre-  le respondió su vecino

-No, eso es lo que tú harías, carnal- le replicó

Hernández fue a una mega papelería en el entonces Distrito Federal y compró pintura vegetal. Consiguió una rueda, de esas que utilizan los topógrafos para hacer líneas. Al día siguiente, muy temprano, le echó la pintura vegetal y con el instrumento, pintó el auto como si hubiera pasado una silla de ruedas por encima de su coche. Arturo en muchos momentos documentó el proceso con una cámara. “Incluso llegaron unos chavitos que me preguntaron que por qué hacía eso, les expliqué y pidieron ayudarme. Me di cuenta que la acción que estaba haciendo tenía un eco en lo que estaba haciendo”, recuerda.

El clímax de la historia comienza cuando sale el carnal del auto y empieza a ver las líneas; Arturo llegó con la cámara a grabar. Y el joven le dijo “uy, hoy amanecerás en el bote”. Comenzó a gritar “policía, policía”, y Arturo lo imitó.

“Tomé una botella de agua y se la tiré en el chasis, y le expliqué que sí salía de la lámina de su coche. Pero le dije que el cochambre mental que tienes en tu cabeza, no sale con agua. Tienes que darle restart”.  El hombre se fue; Arturo se quedó con el casete y en ese momento pensó que le había gustado mucho lo que pasó. “Se los enseñé a mis amigos y me dijeron que debía hacer algo con eso”.

Desempleado en ese momento, Arturo compró una carcacha y la transformó. Lo nombró el “auto consciencia”, que tomaba el humor como instrumento. Arturo la hizo de patrullero y grabó un piloto y gracias a eso comenzaron los Supercívicos.

Años después, en Guadalajara, vestido de forma casual y con una barba de chivo, Arturo conversó con Okupo sobre la historia de los Supercívcos y cómo ha sido esta expreriencia.

¿Qué faltas de civismo has cometido y ahora te arrepientes?

“El uso del celular en el coche. No tengo coche, lo vendí, pero sí me tocó confrontarme con mi mujer. Ella siempre maneja y yo me siento cómodo en el otro asiento y entonces ella empieza hablar y le digo que no hable. Yo sí le digo a la gente y a mi esposa no es lo puedo decir. Sí le dije, si esto me genera un divorcio me vale madres, pero si no dejas de hablar, me voy a bajar.

Puedo llegar a entender que la gente lo haga por ignorancia, pero trato de ser consecuente en eso en lo que puedo”.

¿Cómo llegó la idea de crear una aplicación para Súper Cívicos?

“Unas personas que forman algo que se llaman fáctico (Jordy Meléndez y Diego Mendiburu) se acercaron conmigo después de un programa de radio y me dijo que si había pensado en hacer una app. Y le dije que claro. Yo lo veía muy sencillo: quiero una app en la que se pueda grabar video y la gente suba los contenidos y escoja la categoría. Y Diego me decía que ya tenían algo, pero me decía que era de fotografía.

“Si algo estoy en contra es que siento que la foto no tiene contexto porque me llegaban muchas historias en foto pero a final de cuentas una luminaria apagada no te dice nada pero si dices eso en el video entonces es una historia. Ahí vino el primer problema porque me dijeron que no tenían la capacidad, pero Diego le buscó y la hicieron para video. Pero antes se dieron las cosas perfectas. Cuando Diego me dice que estaba la tecnología, pero se necesitaban 5 millones de pesos y dije ‘wey hubieras empezado con eso’. Curiosamente se dio que la UVM nos estaba buscando para dar conferencias y les propuse que le apostaran a la app y al final de cuentas somos socios la UVM, fáctico y los Supercívicos”.

¿En qué momento decidiste dedicarte de lleno al civismo?

“Los Supercívicos es un formato. Yo hasta hace unos años tenía una compañía que se llamaba Jugo y los Supercívicos era un contenido. Cuando empieza a agarrar mucha fuerza y me doy cuento que empiezo a quedar mal con las dos actividades y me dije ‘o suelto los Supercívicos o dejo Jugo’. Cerré la compañía porque empecé a tener llamados a conferencias y eso es lo que me ha dado mucho de comer. Las primeras las di gratis pero cuando ya me di cuenta que me llevaba mucho dar conferencias, las empecé a cobrar y con ellas podía tener el sustento para pagarlas colegiaturas de mis dos hijos y vi que estaba creciendo muy fuerte”.

¿Por qué crees que en México no hay el respeto al otro? ¿Cuál es tu diagnóstico?

“Dos causas: falta de autoridad. No tenemos una que nos represente. No tenemos una policía que ponga orden.

“La otra tiene que ver con la ciudadanía: el famoso nomás tantito. Parece que, en México, hacer las cosas nada más tantito, está bien. Son solo 5 minutos en doble fila, es solo una colilla. Cuando tenemos ese nomás tantito en la cabeza y todos cooperamos con eso, se genera el horror.

“Me gusta como lo dice Arne: no podemos exigir tener políticos de primera y ser ciudadanos de quinta”.

¿Tenemos el gobierno que se nos parece?

“No tanto así pero sí, pero tenemos algo de ello. Tenemos algunas cosillas de ellos”.

¿Qué propuestas piensas que podemos encontrar para cambiar nuestra falta de civismo?

“Primero abrir los ojos y hacerle ver a la gente las cosas. Nos estamos topando con un tema de ignorancia. Siempre pongo el ejemplo de dar un paso a la derecha para dejar pasar a las personas en las escaleras del transporte público. Por algo sencillo, los que quieren caminar rápido podrán hacerlo y si la bloqueas, no.

“Somos muy apáticos al parecer los mexicanos somos muy entrones, pero no, somos agachones. Si ves a un cuate bloqueando la escalera no hay nadie que se atreva a gritarle que se quite.

“Otra tiene que ver con el ‘esto no es normal’”.

Julio González
Acerca de Julio González 60 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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