Tiempos extraños

Ojalá fueran sólo los diarios exabruptos antiliberales del vulgar presidente de Estados Unidos.

Las redes sociales, la posibilidad de que cualquiera diga cualquier cosa, los fanatismos y supersticiones tan arraigados en nuestras sociedades, pero también la irresponsabilidad de parte de los medios corporativos, han acabado por crear entornos de duda constante e incertidumbre sobre casi cualquier cosa.

Las redes de la ultraderecha están llenas de personajes oscuros que han ido posicionando; sobre todo a través de memes, opinólogos, y youtubers. La más franca oposición ideológica a temas que todos dábamos por sentado: El respeto a las preferencias sexuales; la igualdad de oportunidades no condicionada por género, raza o nacionalidad; el cambio climático y las problemáticas ambientales; el absurdo nacionalista que segrega a la humanidad entre fronteras; el derecho a la ciudad; la libertar de profesar cualquier fe o ninguna; los programas públicos orientados a respetar los derechos humanos de las personas y a dignificar la vida humana; el método científico como constructor y deconstructor de la verdad.

De alguna manera, coordinados o no, con información privilegiada o no, estos manipuladores expertos en comunicación política han logrado hacer dudar sobre lo correcto de lo políticamente correcto a sociedades enteras.

Y aunque, en el fondo, a nadie le extrañe la explotación política de la ignorancia del gringo promedio, la realidad es que hasta Francia –el país cumbre de las políticas de izquierda racionales, de la educación igualitaria y uno de los mayores contribuyentes al pensamiento liberal actual– podría caer en manos de algún gobierno de ultraderecha.

Si bien nunca ha dejado de haber oscurantismos regionales anteponiendo doctrinas religiosas o supersticiones ideológicas, parecía que, al menos en Occidente, todos los fundamentalismos de las derechas tenían un límite racional. Vamos, nadie cruzaba los límites de lo “políticamente correcto”. Incluso los personajes de la marcha por los derechos de los niños buscaban, hace algunos meses, justificar sus demandas homofóbicas con argumentos que dieran alguna racionalidad a sus miedos para evitar parecer vulgares discriminadores.

Hasta hace poco era inimaginable que un diputado europeo saliera a decir que las mujeres deben ganar menores sueldos por ser más débiles y menos inteligentes. Era poco más que improbable que un mirrey neoyorquino ganara la presidencia de Estados Unidos usando como principal argumento la edificación de una muralla que los segregue de México, tierra de violadores, asesinos y narcotraficantes. Nadie imagina a la islamofóbica Marine Le Pen gobernando al país que decapitó a su rey en busca de igualdad.

Es de esperarse que el éxito de Donald Trump y del Brexit y una posible cascada de victorias europeas de personajes racistas y homófobos transformen la manera de hacer política y gobernar en las sociedades latinoamericanas, tradicionalmente más proclives a la superstición, con niveles educativos más bajos, con mucha menor producción científica y con democracias más incipientes y frágiles ante la eventualidad de posibles apariciones de regímenes totalitarios.

En México y en Latinoamérica, las organizaciones no gubernamentales que se fondean con recursos internacionales corren el riesgo de paulatinamente ir perdiendo capital y posiciones. Derechos humanos, cambio climático y protección ambiental, derechos laborales, construcción de equidad, democracia participativa; son todos temas que podrían desaparecer de las agendas gubernamentales y dejar de ser prioridades para los candidatos del futuro.

Urge que, más allá de partidos políticos, organizaciones, empresas o intereses creados, que los progresistas, la ciencia, las izquierdas y los creyentes en la libertad formen un acuerdo que logre inmunizar a nuestras sociedades del nuevo oscurantismo que parece emerger en el mundo.

 

Felipe Reyes
Acerca de Felipe Reyes 18 Artículos
Arquitecto, ciclista y disentidor ocupado en urbanismo y movilidad

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