Es todos unidos mexicanos

Imagen: Flaticon

|Por Roberto Castelán Rueda|

La mayor parte de los partidos políticos de México decidió emprender la modernización política del país y comenzaron por deshacerse de pesados lastres atávicos que los mantenían atados a un pasado cruel, limitado y estrecho.

Al decidir hacer a un  lado a las viejas e indefinibles ideologías caducas, únicas causantes de la división y el odio entre los mexicanos, nuestros políticos optaron sabiamente por la única vía hacia la modernidad: la unión de todos los mexicanos sin importar ni su religión, sexo, raza u obscuro pasado.

La fraternidad, por si se nos había olvidado, es uno de los valores fundadores de la modernidad política. La libertad y la igualdad son los otros, pero nuestros políticos decidieron ir poco a poco: un paso va después del otro. Primero se aprende a caminar, luego a correr. Sin esa elemental, sencilla sabiduría, sin duda estaríamos perdidos.

El mejor momento para emprender el camino hacia la unidad, se presentó en una coyuntura crucial para la historia de nuestro país: el importante periodo electoral en donde los mexicanos habremos de elegir de manera democrática, como es nuestra costumbre y como lo señalan nuestras convicciones, al futuro presidente de la República y a los nuevos legisladores, senadores y diputados, quienes tendrán a su cargo escribir las nuevas y gloriosas páginas de nuestra historia patria.

Sin importarles el qué dirán, ni la crítica envenenada de los mismos agoreros del fracaso, un puñado de hombres y mujeres, innovadores, valerosos y sin más interés que el bienestar de su patria, se lanzaron en una acción tan audaz como inédita, a buscar la anhelada unión de sus partidos.

Fuera egoísmos, nunca más esto es tuyo y esto mío, no importa si eres gay o pro familia natura: esta lucha es por México. Así nacieron frentes y coaliciones de partidos en apariencia diferentes, pero en el fondo iguales en su amor por México.

Poco a poco las uniones crecen. Quienes hasta ahora habían vivido como enemigos, reconocen su error y se funden en un fraternal abrazo. Quienes veían con odio irracional al otro porque lo creían diferente, ahora saben reconocer en él al hermano, a la hermana y se dan cuenta, con los ojos y el corazón abierto que la diferencia era un espejismo dañino.

Que daño han hecho las ideologías a nuestro México. Cuánta sangre derramada, cuánto odio acumulado en vano. Pero nuevos tiempos se aproximan. Si todos somos iguales a los ojos de dios ¿por qué no serlo también frente a los principios doctrinales de nuestros partidos políticos?

Basta de divisiones estériles, basta ya de viejos pretextos atribuidos a esa vieja maniaca y perturbada que es la historia. México necesita la unidad de todos los mexicanos para afrontar los retos que se nos vienen, que no son menores.

El primer paso ya está dado, no lo echemos a perder con nuestro egoísmo. Sigamos así, en esta unidad que hasta ahora parecía una utopía y en poco tiempo, tal vez no nosotros, sino nuestros nietos, podrán ver orgullosos, la conclusión del trabajo que ahora hemos iniciado: un México libre de partidos, de falsas ideologías perversas, unido en una gran coalición de coaliciones, o en un gran frente de frentes, en donde todos los mexicanos nos reconozcamos como hermanos de sangre.

Roberto Castelán Rueda
Profesor jubilado, doctor en historia y lector
de medios impresos a punto de extinción.

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*