El tour de las ‘estramancias’

Avelino Sordo Vilchis

Sábado al mediodía. Una comida donde todo es disfrutable: la tarde fresca y nublada, la terraza, el verdor del jardín, los platillos, las bebidas (por ahí un notable shiraz australiano), la compañía y la conversación, tan divertida e inteligente que no deja resquicio a la corrección política. Abordamos muchos asuntos, aunque hubo uno que dominó: las esculturas públicas. Y no podía ser de otra manera, pues se trata de un tema de mucha actualidad para los tapatíos. En algún momento alguien mencionó el caso —que de no ser trágico sería cómico— del espontáneo que decidió llenar de “esculturas” su cuadra, allá por avenida Guadalupe. Una comensal confesó desconocer ése y algunos otros que se mencionaron. Caballeroso que soy, le ofrecí un tour para el otro día.

Domingo por la tarde. Realizamos el “Tour de las estramancias”, comenzando en la avenida Guadalupe, cerca de su cruce con Cordilleras, municipio de Zapopan, y finalizando donde se encuentran Pablo Neruda y Prolongación Américas, en territorios guadalajareños. Por razones temáticas y geográficas, el tour se subdivide en cuatro paseos: “de la Piratería” (Guadalupe); «de la Intrascendencia», con dos paseíllos: el de avenida Patria (de Acueducto a Plaza Patria) y el de Montevideo (de prolongación Américas a Pablo Neruda) en Providencia; «de la Pretensión» (la zona —faltaba más— de Andares, avanzando por avenida Patria hasta Plaza Patria, again), y el «Paseo de la Estulticia» en Pablo Neruda (de Montevideo a prolongación Américas), ya en Guadalajara.

El “Paseo de la Piratería”, de Avenida Guadalupe, es resultado de la entusiasta y desbordada iniciativa de un individuo que se autoconcibe como el comisario estético de la zona, quien por la ley de sus destos (y la absoluta complacencia de las autoridades) decidió «decorar» la cuadra donde tiene su negocio, con una abigarrada concentración de “esculturas” (de alguna manera debo nombrarlas) copias de obras de los grandes maestros (comisario: di no a la piratería). Así tenemos, por ejemplo, “Picazzos”, “Boderos” o “Mikel Ángel” (como los casetes “Sunny”, los zapatos “Adadis” o los juguetes de “Star Warts”, marca “Lebq”). Están terminadas con tan poca fortuna que estoy seguro que los artistas o sus herederos, indignados, demandarían más que por el fusil, por lo mal hechas.

El “Paseo de la Intrascendencia” es resultado de una muy poco clara –aunque consistente– complicidad entre autoridades municipales y particulares (personificados por el “escultor”), que “donan” los armatostes. La sección de la avenida Patria está poblada de animales presentados como si se tratara de origami, vil plagio del trabajo de un escultor neozelandés con nombre de actor: Ben Foster. Conforme avanzamos rumbo a Plaza Patria, encontramos que los animales —quizá en busca de disimular el fusil— han ido perdiendo su blancura, que llegamos a pensar era fundamental por su condición de representación de papiroflexia, a medida en que los van pintando, en una onda neoindigenista muy mal entendida, multiplicando el horror que causa su sola existencia.

La “galería urbana de Zapopan”, como la llama el propio pseudoescultor, se han ido apropiando de la calle como la humedad, sospecho que buscando repetir la experiencia de la impuesta hace algunos años sobre la calle Montevideo, también de figuras que pretenden simular origami: aviones, barcos…  En ambos casos, la malhechura es proverbial y su intrascendencia incuestionable. Se supo que el más reciente trasto (les tengo malas noticias: faltan algunos), la jirafa contrahecha, fue “donada” por la fundación del “escultor”, lo que no impidió que le costara al ayuntamiento de Zapopan 450,000 pesos, de los cuales 300,000 fueron para materiales y 150,000 para los honorarios del “artista”, aportando nuevos significados a las palabras “donación”, “escultor” y “artista”.

La más reciente ocurrencia es el “Paseo de la Pretensión”, de otros supuestos mecenas que decidieron donar lo mismo y donde mismo: armatostes en la zona de las plazas Andares y Patria, como si Zapopan —un municipio inmenso— se redujera a ese pequeño cuadrante. El financiamiento, selección y espacios donde van a plantar las estramancias son absolutamente opacos y —como es costumbre— el proyecto pasa por alto el hecho de que el destino de tales trastos es el espacio público, por lo que no puede ni debe manejarse como asunto privado, aún cuando su financiamiento lo fuera. Por lo pronto, acaban de instalar su primer fracaso: una planta de maíz carente de presencia y gracia y que se pierde entre el intenso tráfico de Acueducto, lo que es de agradecer.

El “Paseo de la Estulticia” se extiende por Pablo Neruda desde su cruce con Montevideo hasta Prolongación Américas. Son una serie de adefesios metálicos con temas deportivos, puestos ahí bajo el influjo de los Juegos Panamericanos. Cuando los instalaban fueron cuestionados por su pobreza estética y técnica, y en su defensa las autoridades respondieron que no se trataba de “esculturas”, sino de “mobiliario urbano” (¿?). Para cualquier persona —menos los funcionarios y demás involucrados, claro está— resulta obvio que no son esculturas. Sin embargo, también es extremadamente difícil explicar su condición de “mobiliario urbano”, pues carecen utilidad alguna: no son basureros (aunque si basura), postes que detengan luminarias, bancas…

Domingo al atardecer. Hasta hace unos días, el punto final del tour era el busto de Pablo Neruda (pariente, por su contrahechura, del Pedro Garfias de Chapultepec). Sin embargo, la novedad es que unos metros más al norte —sobre el camellón de Prolongación Américas— acaban de instalar la nueva aportación al paseo, un atinado y consistente complemento de la colección de cachivaches panamericanos (incluyendo el insulto a Neruda): la plumota. (Aunque también hay quien opina que se trata de la peor “escultura”, pues está marcada por el imperdonable pecado de la pretensión: fue concebida —y pagada— como si se tratara de una gran escultura urbana). Al terminar el recorrido, se me vino a la mente la sentencia que Dante imaginó para la entrada del infierno:

“Vosotros los que entráis [a Guadalajara], ¡abandonad toda esperanza!”

Avelino Sordo Vilchis
Acerca de Avelino Sordo Vilchis 15 Artículos
Editor // promotor cultural // ex sibarita

1 Comment

  1. Don Avelino gracias..que opinan de los niños héroes esas estatuas horribles en paseo Chapultepec. ya vio como el ayuntamiento suplanto las otrora letras doradas de bronce por una pintura en spray dorado jajajajajaj. ya sin espadas ya sin bayonetas. Son memoria de la mentira y recordatorio constate de la derrota. Pongale un baile bueno usted que tiene buena voz. Gracias por este articulo jajaja, no paro de reír!!

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