Tres celulares, dos carteras y un rasguño

Sepa la bola

Se dio cuenta que sangraba del filo de la nariz cuando llegaron al Oxxo ubicado en la esquina de la calle Juan Ruiz de Alarcón con avenida Vallarta. El reloj marcaba después de la una y media de la madrugada, era ya sábado. Mauricio, Adriana, el otro Mauricio y Ana Sofía pidieron un teléfono en la tienda; se los negaron. Afuera, dos sujetos en Jeep aceptaron ayudarles.

La pequeña rajada no era para alarmarse. La hemorragia cesaría en unos instantes más cuando la sangre coagulara. Sin embargo, pidieron auxilio por lo que un momento antes les había ocurrido. Los extraños levantaron el reporte. Minutos más tarde, por la arteria vehicular transitaba una camioneta de la policía de Guadalajara. Le pidieron que se frenara. Los jóvenes les expusieron a los uniformados: nos acaban de asaltar.

Mauricio, Adriana, el otro Mauricio y Ana Sofía asistieron a una fiesta organizada en una de las decenas de oficinas que tienen como dirección la calle Morelos. A la que ellos fueron se encontraba a unos metros de la avenida de las Américas, en la colonia Americana en Guadalajara, una de las más peligrosas de la ciudad. Decidieron irse de ahí cuando la celebración seguía con vida.

Cuando salieron, la temperatura helada y la llovizna los obligó a caminar apresuradamente para llegar pronto a la camioneta blanca, la misma en la que habían arribado. Pero no lo suficiente para no coincidir con las tres motocicletas en la que iban montados seis chavos, dos en cada una. Todos con sudadera. Todos con el gorro que les cubría el cabello, las orejas y una parte del rostro.

Tres se bajaron. Interrumpieron el silencio a gritos. Uno se acercó a Mauricio y Adriana; uno más fue con Ana Sofía; el tercero con el otro Mauricio. A todos les pidieron sus carteras y celulares. Era un asalto.

En 2017, en Jalisco, la Fiscalía General del Estado abrió 5 mil 62 carpetas de investigación por robo a transeúntes. Del total, el 82.3% se llevó a cabo con violencia. En Guadalajara, no tienen cifras propias, al menos eso dicen. “Trabajamos con los datos de la Fiscalía”, respondió al ser cuestionado sobre el tema, el encargado de comunicación de la Comisaría tapatía. Luego, negó poder compartir la información.

Mauricio se negaba a darles su celular. “Hazte para allá”, le decía a su asaltante que le hacía marca personal. Lo empujó. El ladrón, un joven al que Mauricio le calculaba menos de 20 años, se metió la mano en la bolsa y simuló tener una pistola –o al menos la víctima así lo piensa. Mientras que Ana Sofía escuchaba a su victimario gritar “ya dispárale”.

Se mantuvo terco hasta que otro de los ladrones le soltó un puñetazo en la nariz y le arrebató la bolsa de Adriana, su pareja. Adentro estaba su celular Samsung y una cartera con credenciales y 500 pesos en efectivo. Corrieron, se montaron en las motos y se largaron.

Cuando les contaron la historia a los policías –a los que se les unió la patrulla que acudió para atender el robo con dos policías abordo– éstos los miraban y esperaron el momento para darles ánimo. Les dijeron: miren, nosotros cuando los encontramos les damos una paliza, así como se ven en los videos donde gente agarra a los ladrones y les da de trancazos. Luego, de los golpes, los encierran unas horas, pero luego vuelven a salir. Así es la cosa.

Adriana no pudo dormir del susto. Mauricio ha tenido momentos de angustia en los días posteriores. No tiene la esperanza de que los atrapen; menos de que les avisen si los detienen. Los policías apuntaron sus datos sobre un pedazo de hoja de papel. El reporte está “levantado”. El saldo a simple vista del robo a Mauricio, Adriana, el otro Mauricio y Ana Sofía es de tres celulares, dos carteras y un rasguño. El miedo, la impotencia y la rabia que sienten no son parte del reporte. Mucho menos de las estadísticas.

Julio González
Acerca de Julio González 97 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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