Un falso franciscanismo

Calandria

| Por Juan José Doñán |

En el caso de las típicas carrozas de caballos o calandrias de Guadalajara, que el gobierno de la ciudad insiste en desahuciar, se equivocan redondamente el alcalde Enrique Alfaro y funcionarios y asesores que lo acompañan, así como algunas organizaciones que se dicen protectoras de los animales y piden la prohibición de caballos en faenas de trabajo en el medio urbano.

Y se equivocan porque tanto los equinos mayores como los menores (caballos, asnos y acémilas como las mulas) son y siempre han sido, a todo lo ancho y redondo del planeta, incluido el angosto municipio de la capital de Jalisco, animales de trabajo y no semovientes que formen parte de la fauna doméstica ya sea para el consumo humano, la elaboración de alimentos y otros productos, la compañía, la vigilancia o el ornato en el hogar. Y es que desde las más remotas épocas prehistóricas los equinos han acompañado a la especie humana en las más variadas labores de trabajo, las cuales han ido desde faenas agrícolas a la transportación terrestre, pasando por el pastoreo, la cacería, la guerra y las más variadas prácticas deportivas tales como la equitación, el polo, la charrería, el rodeo, la tauromaquia o las carreras en hipódromos, ya sean profesionales o improvisados.

En el paso del siglo XIX al XX, con la llegada de la modernidad en el transporte urbano, a base sobre todo de vehículos automotores, tanto en nuestra ciudad como en otras capitales del planeta, los caballos no fueron jubilados del todo, aun cuando los antiguos tranvías de mulitas, que prosperaron en la Guadalajara del porfiriato, cedieran su lugar a los tranvías eléctricos a partir de 1907 y, desde la década de los treinta, a los camiones urbanos.

En nuestro medio, los caballos se siguieron conservando, particularmente en las calles del casco histórico, para fines turísticos, lo que, por cierto, también puede verse en la actualidad en metrópolis como Viena, Madrid y Nueva York, con un tráfico tan espeso o más que el de la capital jalisciense.

El reiterado dicho del alcalde de Guadalajara y otros funcionarios del municipio, en el sentido de que los caballos sufren maltrato en las ciudades por el solo hecho de estar enganchados a un carro y que, por lo mismo, los equinos deben ser liberados de tal servidumbre, no sólo es un dictamen demagógico y falso, sino también algo que viene a exhibir una ignorancia palmaria, la cual, al convertirse en medida gubernamental, se traduce en un buen ejemplo de lo que es el autoritarismo o el abuso de poder.

Esta equivocación de las autoridades de Guadalajara, comenzando por el alcalde Enrique Alfaro, quedó nuevamente de manifiesto el miércoles de esta semana, cuando, al momento de presentar el cursilón prototipo de los carromatos de locomoción eléctrica, que vendrían a sustituir las calandrias tiradas por caballos, el primer edil tapatío trató de justificar su desatinado proyecto con un argumento falso. Ante representantes de los medios de comunicación y demás personas presentes en el acto, el presidente municipal dijo: “No podemos seguir confundiendo la idea de la tradición [de las calandrias] con el maltrato a los animales. Eso no tiene ya lugar en Guadalajara, eso llegó al final el día de hoy”.

Calandrias

Por su parte, Servando Sepúlveda, secretario de Movilidad y quien también estuvo presente en el acto, asegundó al alcalde de Guadalajara no sólo aprobando las palabras de éste, sino diciendo que no se debe “seguir explotando a los caballos”.

Con este falso franciscanismo o esta bonachona lógica torcida, cualquier alto funcionario de equis municipio de Jalisco u otro estado de la república podría discurrir que no se sigan organizando peleas de gallos en los palenques ni lidiando toros que, en estos casos sí, los animales en cuestión no sólo son maltratados, sino heridos y muertos.

Y ya encarrerados en esta presunta política pública en defensa de los “derechos de los animales”, tampoco faltaría quien pidiera –y asimismo quien estuviera dispuesto a cumplir, desde la autoridad, esa petición– que no se siga pescando a los peces ni sacrificando a cerdos, reses, chivos, conejos, pollos…, alegando que se vulneran sus “derechos”, comenzando por el de la vida.

Por lo demás, el líder interino de los calandrieros, asociados en la Unión de Conductores de Carruajes de Alquiler, Rafael Méndez Barajas, quienes se opone a la iniciativa municipal que pretende sustituir las calesas de caballos por vehículos eléctricos, fijó una bien razonada posición: “Estamos en la postura de seguir tal y como estamos, de hacerle ver a la ciudadanía que no hay ningún maltrato animal”, y agregó que sus caballos son revisados periódicamente por un médico veterinario, especialista en equinos (Rubén Anguiano Estrella) y que igualmente el buen estado de salud de esos animales es avalado por asociaciones de veterinarios, las cuales certifican, contra lo dicho por funcionarios de Guadalajara y algunas organizaciones autodenominadas de “protección animal”, que los caballos de las calandrias están en buenas condiciones.

Finalmente, Méndez Barajas considera que las acusaciones de maltrato animal, que se les reprocha, han surgido de la ignorancia, el desconocimiento y eventualmente hasta de la mala fe, pues el nuevo líder de los calandrieros no descarta que, detrás del proyecto en marcha para sustituir las calandrias de caballos por vehículos automotores, haya quienes estén pretendiendo manchar su imagen, con el propósito “de hacer un negocio para ellos, no por un beneficio para los animales y mucho menos para nosotros”.

Más allá del verdadero motivo que anime a los anticalandrieros, todo hace pensar que la razón no está de su lado, sino de la de quienes pugnan porque las calandrias de caballos sigan formando parte del paisaje urbano de Guadalajara.

1 Comment

  1. Estos no llegan ni a defensores de los animales, detrás debe haber un jugoso negocio en la fabricación y mantenimiento de esas Electrocalandrias que mas parecen coche de sepulturero.
    A los animalistas: dense cuenta que al sacar los animales de los circos los mandaron al matadero y a los cirqueros al desempleo!

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