Una bici china y el peor taco de la historia

La conurbada vida tiene para mi sus naturales inconvenientes, sus pesados trajinares, sus exigencias de tiempo que van en constante camino a la más profunda de las formas de caos; en un algoritmo permanentemente degenerativo, entre cuyas variantes se encuentran la incapacidad organizativa del que escribe, su total ausencia de disciplina y la suma de los horarios matutinos que, lo empeoran todo.

En mi caso, tengo una relación compleja con el amanecer: a veces me encuentra llegando a casa, a veces despertando y las más dormido. Cuando no, termino odiándole ya que garantiza que mis horas de sueño serán insuficientes y mi condición a lo largo del día será más parecida a la de una caracola que a la de un ser evolucionado.

Pero me he desviado y es que hoy quería contarles del peor taco del mundo y eso que soy garnachero profesional, conozco todas las tortas, tacos, menuderías, gorditas, pellizcadas y demás fritangas a la redonda de mi hogar. Uber Eats y Rappi, mí me la pelan. Sé desde donde encontrar la caguama más fría, hasta el mejor taco de chicharrón con pelos o el pan recién salido del horno.

Pero esta vez me falló la suerte y tuvo que ver con el amanecer y con la prisa y es que salí sin desayunar, rumbo al café del barrio donde tenía una reunión, (porque todos sabemos que los cafés son las oficinas de los chairos, los desquehacerados, los pintores y los menesterosos) y ¿porqué no decirlo? La cita era en el Amable Café, un lugar donde siempre tienen una excelente mezcla del día y a veces si la fortuna está de tu lado, cuentan con una cosa que se llama Cold Brew que es como cerveza fría pero hecha de café, nomás que a cada rato tienen broncas con el gas. Obvio el día del taco satánico no tenían eso. Igual no importa, tienen tantas cafeteras y métodos para prepararlo que parece, casi laboratorio de enemigo del Santo. Lo único malo del lugar es que hay un tipo ahí que insiste en estacionar una bicicleta espantosa, claramente armada por un incompetente parkinsoniano en la calle Obregón con piezas robadas, pero eso no viene al tema.

El caso es que a unas cuadras de ahí, sobre Avenida Libertad (no confundir con los que están a media cuadra sobre una calle paralela), hay un puesto que vende, teóricamente tacos y por tacos quiero decir un caldo de inmundicia contenido en un bote de plástico de medio litro que sirve como cultivo de de Escherichia coli, amibas, gastroenteritis severa, salmonella, fiebre tifoidea, viruela, peste bubónica, ántrax, meningitis, botulismo, tricocéfalos, áscaris lumbricoides, Taenia Soluim, uranio enrquecido y tal vez chicharrón.

Pedí dos tacos antes de acudir a mi cita e incluso pusieron sobre ellos una cantidad notable de nopales, seguramente también poseídos por enfermedades temibles y demonios del mundo antiguo.

Jamás en mi vida he sido incapaz de comerme un taco de chicharrón, jamás salvo esta vez. A la segunda mordida, la sospechosa textura me llevó a tirar el contenido de esa mezcolanza insalubre al bote de la basura y continuar con mi día que, procedió normalmente e incluso sospecho que la acidez del café retrasó el proceso de posesión demoniaca que lentamente se apoderaba de mis intestinos.

Aún así, para las cuatro de la tarde mi cuerpo fue incapaz de entender los fenómenos climáticos a mi alrededor, no sabía si hacía frío, calor o los dos al mismo tiempo.

Afortunadamente no pasó de una cosa menor, si por menor podemos entender dejar media vida en el cuarto de descanso, como le llaman los japoneses al retrete.

No me queda más que recomendar que en materia de comida, si no conoce el puesto, no ponga en peligro la vida.

Zul de la Cueva
Acerca de Zul de la Cueva 31 Artículos
Gente vagamunda, inútil y sin provecho. Esponja del vino y gorgojo del pan

1 Comment

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*