¡Una buena para AMLO!

|Por Juan José Doñán|

A raíz de los manejos financieros turbios que la Secretaría de Hacienda habría detectado en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y entre los cuales se habla de “lavado de dinero”, el martes de esta semana el presidente Andrés Manuel López Obrador se refirió a los cacicazgos que se han enquistado en no pocas universidades públicas de nuestro país, cacicazgos que, al amparo de la “autonomía universitaria” y con el consentimiento de gobiernos locales y federales, han venido lastrando desde hace décadas a esas instituciones de educación superior, que funcionan con el dinero de los contribuyentes.

Entre las irregularidades detectadas en la universidad hidalguense, estaría incluso haber recibido fondos económicos procedentes de una institución bancaria de Suiza, así como la existencia de empresas y negocios que poco o nada tienen que ver con una institución pública de educación superior, entre las cuales se habla de una gasolinera.

Ello sirvió para que el presidente de la república, a diferencia del silencio guardado por sus predecesores, se refiriera de manera explícita a los cacicazgos universitarios, un tipo de poderes fácticos que no sólo han prosperado en varias universidades públicas del país, enriqueciendo a esos caciques y sus aliados, sino que también han degradado la vida institucional y pervertido la vida política de distintas regiones del país.

Fue en su cotidiana rueda de prensa mañanera, donde el pasado martes 12 de marzo el presidente de México dijo que era inaceptable que universidades que se sostienen con fondos públicos acaben convertidas en “cotos de poder” o en “islas dominadas por caciques, aunque sean [instituciones] autónomas”.

Y abundando en el mismo tópico, a quererlo o no, López Obrador señaló algo que para más de un jalisciense fue algo así como un retrato hablado de la situación que, durante generaciones, ha prevalecido en la Universidad de Guadalajara. Textualmente el primer mandatario del país dijo:

“Hay universidades con influencia política, vinculadas a partidos, y las comisiones de Educación en el Congreso [de la Unión] son manejadas por exrectores o integrantes de grupos que manejan [esas] universidades y que tienen mucha capacidad de gestión y obtienen muchos fondos”.

Y como entre los exrectores universitarios que han manejado la Comisión de Educación en la Cámara de Diputados ahora figura Tonatiuh Bravo Padilla y, hace varias legislaturas, José Trinidad Padilla López y el mismo Bravo Padilla (ambos, exrectores generales de la UdeG), la alusión es más que directa, por no decir que “directísima”, para parafrasear al finado doctor Mario Rivas Souza. Y es igualmente directísima porque, que se sepa, sólo dos exrectores han sido dueños de sendas franquicias partidistas: Melesio Cuén, de la Universidad Autónoma de Sinaloa, y Raúl Padilla, en la UdeG, quienes han tenido a su disposición el partido de Sinaloa y el PRD Jalisco, respectivamente.

El remate de esa alocución lopezobredarista concluyó con un dictamen por demás contundente, señalando que los caciques de esas universidades, además de manejar discrecionalmente el subsidio gubernamental, hacen negocios al amparo de esas instituciones, con el agravante de que todo ese dinero “no se aplica bien. Pueden tener más presupuesto, pero se queda arriba. Hay también un sistema piramidal, no hay igualdad, no hay equidad, los de arriba se dan la gran vida y abajo el maestro de asignatura gana muy poco”.

Si López Obrador hubiera querido dar nombres, bien pudo decir: “Y esto que estoy diciendo no sólo sucede en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo con su cacique particular Gerardo Sosa Castelán, sino sobre todo en la Universidad de Guadalajara con el suyo, un tal Raúl Padilla López, que ha manejado esa institución a placer, con el consentimiento y la colaboración de varios gobernadores de Jalisco y más de una administración federal”.

Como dato curioso, vale decir que esta explícita referencia hecha por el presidente de la república a los cacicazgos universitarios prácticamente pasó inadvertida para la prensa jalisciense, con excepción del diario Mural. Este silenciamiento mediático no sólo es algo que mueve a la reflexión, sino que también da pábulo a conjeturas maliciosas, máxime cuando, al tiempo que la prensa de la comarca desestimaba esa declaración presidencial, cubría ampliamente las actividades de la 34ª edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, festival que llega a su fin este viernes y que desde su creación, en 1986, cuando fue llamado originalmente Muestra de Cine Mexicano, preside el susodicho multifuncionario y cacique de la UdeG, y el cual ha podido sostenerse por los fondos públicos que ha aportado lo mismo del gobierno federal, que el gobierno del estado, varios de los ayuntamientos metropolitanos y, desde luego, la propia Universidad de Guadalajara.

Ese dinero se ha utilizado no sólo para la transportación aérea, el hospedaje y la alimentación de participantes e invitados especiales, sino incluso para pagar las bebidas alcohólicas que consumen.

Y a la par de ello, cacicazgo universitario de la comarca no ha parado de hacer negocios de toda laya. Ejemplo de ello fue la reciente a un banco español del nombre del Conjunto de Artes Escénicas que, desde el pasado martes 26 de febrero, se llama oficialmente Conjunto Santander de Artes Escénicas de la Universidad de Guadalajara.

A cambio de ello, Banca Santander –la institución bancaria que pasó a manejar las cuentas de la UdeG luego de que dejara de hacerlo Bancomer– estaría pagando “cerca de un millón de dólares anuales” (El Informador, 27 de febrero) al corporativo de empresas parauniversitarias de la UdeG, que preside el multicitado cacique universitario tapatío.

Más allá de la opinión que cada persona pueda tener sobre el desempeño que Andrés Manuel López Obrador ha tenido en sus primeros tres meses y medio en el cargo, es indudable que el martes de esta semana puso el dedo en la llaga cuando se refirió a una verdad a ojos vista: los cacicazgos que padecen varias de las universidades públicas de nuestro país. ¡Una buena para AMLO!

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*