Una ‘cirugía’ democrática para México

Hay tradiciones y costumbres diferentes acerca de cómo hace su trabajo un diputado en varios países del mundo. A veces, muchas de estas cosas ni siquiera están en la ley. A pesar de que en México tenemos un sistema político que formalmente se parece a otros (el modelo presidencial), éste cada vez más demuestra tener varios defectos y, la mayoría de las veces, no compartir las virtudes de otros sistemas políticos en otras partes del mundo.

Las reformas estructurales, el Pacto por México y las recientes coaliciones para la elección de 2018 demuestran claramente que la partidocracia se está saltando la bardita de los límites formales de nuestro sistema todo el tiempo. Esto es un hecho conocido por casi todos los mexicanos, y como decimos a veces, se nota que están estirando la liga demasiado. Por otro lado, también hay varias propuestas en torno a la famosa “Reforma del Estado”: el PRI ya ha propuesto eliminar a los diputados plurinominales y un miembro del PRI, Manlio Fabio Beltrones, propuso que México cambiara a un sistema parlamentario.

Esos cambios son sujetos de debate. Yo tengo muchas reservas respecto a las propuestas, también dudas y críticas a quién las hace. Sin embargo, creo que es necesario decir claramente que cualquier cambio de sistema que no venga acompañado de prácticas políticas distintas y más participativas servirá de poco para hacer a México más libre y democrático.

¿Qué actos realiza un diputado normalmente en otras partes del mundo que pudieran servirnos para mejorar nuestra democracia? Para empezar, rinden cuentas de sus acciones y decisiones ante sus representados de manera permanente, no solo cuando hay un problema o una crisis. La tradición de hacer town halls o reuniones comunitarias con los pobladores y los políticos que les representan tiene una larga historia en varios países.

La idea es simple: difundir que habrá una reunión de acceso libre en un espacio público o gratuito en donde el político da un breve discurso y puede ser abordado por la gente, incluso si la gente no votó por él. No hay mucha más estructura o guía que eso. A veces, los políticos limitan el tiempo o el tipo de preguntas que se pueden hacer pero en general, es un formato bastante libre. Imagine poder preguntarle a su diputado, de frente, por qué aceptó el bono navideño o por qué votó a favor de la Ley de Seguridad Interior. Cantinflear siempre es posible pero creo que estarán de acuerdo conmigo que cantinflear o mentir cara a cara es mucho más difícil.

La otra cosa que se hace es “la cirugía”; una tradición vieja y que existe en varios países, en donde la gente se sienta uno a uno con su diputado para plantearle problemas de la comunidad, ideas, sugerencias o preocupaciones. Se le llama así porque la gente acude a su diputado como quien acude a un doctor para una consulta antes de la cirugía que le va a resolver un problema.

Podría parecer que si se tiene esta reunión y el problema se resuelve, el diputado crea una clientela o una persona dependiente por haberla atendido, pero cuando todos los legisladores hacen lo mismo, se crea una especie de competencia entre diputados para ver quién tiene la reputación de ser más cercano a la comunidad. Cuando un servidor público no es percibido como sensato o accesible, la gente o los votantes simplemente le abandonan y emigran a otras opciones políticas. Este lazo funciona mucho mejor entre más local sea la representación.

En México, cuando vemos a nuestros representantes, normalmente es para que corten el listón de alguna obra, para que convivan con beneficiarios de programas sociales o para que entreguen apoyos o beneficios en especie a sus representados. En los cortes de listón (a menos de que sea uno periodista) es difícil hacer preguntas a los representantes populares y en una entrega de apoyos hay una relación fuerte de dependencia; raramente las personas en situación vulnerable “muerden la mano que les da de comer” porque muchos de ellos realmente necesitan esa ayuda.

Mientras exista esa relación de sometimiento y clientela, las personas no podremos llamar a cuentas a nuestros representantes en condiciones de libertad. Cambiar esa tradición política mexicana del templete y el discurso por el town hall y la cirugía puede ayudarnos a dar pasos hacia una rendición de cuentas fuerte y permanente.

Vale la pena mencionar que en condiciones de pobreza y con el nivel de desigualdad de México, es difícil suponer que todas las personas podrían participar en estas nuevas prácticas políticas de la misma forma. La desigualdad atraviesa nuestro país, y esto se refleja también en qué tan posible es participar. Llevar pan a la mesa y hacer política al mismo tiempo es un lujo que no muchos mexicanos se pueden dar.

Sin embargo, saliendo un poco de esta visión paternalista que existe respecto a nuestros compatriotas y a nosotros mismos, creo que nunca debemos de subestimar la capacidad de la organización popular, de los líderes de colonia y de la organización barrial para exigir cambios y mejoras a nuestro régimen político. La organización popular lleva años exigiendo el derecho a la tenencia de la tierra y trabajando para defenderse de los peores efectos de las crisis económicas. Los políticos saben muy bien que esas personas en situación de marginación, desde la organización popular, mueven a muchísima gente. Ese mismo poder, utilizado para exigir cambios concretos a la clase política que lleva corrompida tanto tiempo, sería increíblemente democratizador. Vale la pena experimentar con él.

Rodrigo Cornejo
Acerca de Rodrigo Cornejo 6 Artículos
Miembro de Wikipolítica.

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