Heredarás una plancha de cemento

Veo fotos de la losa de cemento frente al Expiatorio y las comparo con fotos viejas, de cuando era un espacio arbolado con zonas de pasto y me pregunto si la brutal temperatura que se siente ahí hoy, se sentiría antes. Me respondo que no.

El proyecto que hoy se cierne sobre el barrio de San Antonio, que pretende despojarlo de una plaza que funciona para –como se hizo con el Expiatorio– excavar un estacionamiento y decir “ahí está su espacio público” entregando una plancha de concreto, es la prueba de que nadie aprende en obra pública ajena.

¿Qué aprendimos entonces de la historia? Pues al parecer dos cosas: a repetirla en este caso y a mancillarla en el caso del jardín botánico frente al Hospital Civil Alcalde, que ahora, por la presión de los ambulantes y con el pretexto de ordenar la zona, lo van a arreglar. Y por arreglar me refiero a darle en su madre al contexto histórico con una obra galopantemente inmunda y pasándose por el arco del triunfo al Instituto Nacional de Antropología e Historia. Digo, si se trata de ordenar a los ambulantes y que estén a toda madre sin importar la historia, ¿por qué no de una vez sacamos a los médicos del Civil y lo hacemos un mercado? Total, que den la consulta en la calle, no pasa nada.

¿Qué hacer cuando el gobierno en el que ciframos nuestras esperanzas, el que dijo que con la ley no se negocia y que cambiaría la historia comete pifias?

Nuestro deber es señalarlas y exigir que se cumpla lo que se prometió.

El problema es cuando la discusión fría sobre el patrimonio de todos se vuelve un tema electoral y por ende cobra tintes de buenos contra malos; de ataques con objetivos rastreros, de grupos desestabilizadores y enemigos del futuro prometedor que, de la mano de los partidos de siempre, sólo quieren sabotear lo que se está logrando.

Eso hace difícil la sana distancia entre el administrador y lo administrado; entre lo que esperamos de él y lo que está sucediendo; entre la realidad y el sueño.

Independientemente de si se trate de la Morena de López Obrador, el Movimiento Ciudadano de Enrique Alfaro o el Zapatismo en Chiapas, debemos revisar lo que se hace con ojo crítico y eso –en una ciudad caldeada por un proceso electoral que parece no acabar nunca– es complicado pero profundamente necesario.

Por eso me pregunto –sin pasiones– si está bien lo que se pretende hacer frente al viejo templo de San Antonio, si convertir el espacio en un estacionamiento es efectivamente “hacer lo correcto” y no puedo responderme que sí. Me parece un error y un acto profundamente innecesario.

¿Por qué no buscar otras opciones? ¿Por qué la necedad de repetir el error del Expiatorio? Incluso, ¿por qué llamar provocadores a los que alzan la voz? Me parece que los valores de la democracia se ven profundamente enriquecidos con la participación de los ciudadanos, tanto a favor como en contra de lo que se propone, de lo que se diseña y ejecuta desde el gobierno; y si el gobierno no lo ve así y encuentra ataques donde debe atender críticas, entonces tal vez deberíamos preguntarnos si algo anda mal con los valores democráticos de ese gobierno.

Ojalá recapaciten y nos muestren que no estábamos equivocados al votar por ellos. Ojalá no sea su legado para los habitantes del Barrio de San Antonio, una plancha de cemento donde antes había un parque.

Zul de la Cueva
Acerca de Zul de la Cueva 28 Artículos
Gente vagamunda, inútil y sin provecho. Esponja del vino y gorgojo del pan

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*