Uribe y Lemus: su miedo no anda en burro

|Por Paul Alcántar|

“No estoy de acuerdo con el modelo de paridad de género que están planteando, lo que yo estoy de acuerdo es con un modelo de competencias y de capacidades”. Con este argumento el Alcalde de Tlajomulco, Alberto Uribe, se suma a las declaraciones que el también presidente municipal de Zapopan, Pablo Lemus, señaló hace algunos días sobre su derecho constitucional de la reelección que esté por debajo de garantizar a las mujeres las mayores facilidades para arribar a un cargo de tal relevancia.

Sería ingenuo afirmar que estas posturas resultan sorprendentes. En los partidos políticos, como en muchas otras instituciones públicas y privadas, las mujeres han sido relegadas de los puestos donde la toma de decisiones determinan su destino. Lo observamos en todos los campos sociales y ya conocemos las cifras que la asimetría del poder permite que entre mujeres y hombres  no existan las mismas oportunidades de desarrollo.

Vaya, las mujeres no tienen la misma facilidad para hacer la política que los hombres; porque ésta ha sido remitida a dinámicas que van por encima de las circunstancias, donde hacer política es de “caballeros” y a las “damas” difícilmente se les puede ver bien cuando deben tener otras prioridades, como los cuidados al otro (a la familia, a los hijos, al esposo, convertirte en Madresposa, diría Marcela Lagarde).

El trato que a los hombres se les otorga frente a las mujeres sí es determinante porque los incentivos son diferentes y los espacios para “hacer la política” y mantener acuerdos sí excluyen a las mujeres. Sí, porque la política se sigue haciendo en los bares, las cantinas, los restaurantes y cafés en horarios inflexibles, fuera de las instituciones; mientras las mujeres después de salir de sus responsabilidades, en su mayoría, tienen que regresar a casa, a batallar con lo cotidiano, muchas veces al pendiente del “hogar”; y todo lo anterior con una carga de estereotipos culturales que relegan profundamente el papel de las mujeres en los partidos a ser simplemente operadoras clientelares, pero no tomadoras de decisiones.

Por eso es que el pensamiento del macho alcalde y generalizado es que “no hay mujeres” que participen en la política. No están en donde se pueda negociar, se puede pactar y mucho menos comprometer las decisiones públicas. Están ocupadas en sus deberes.

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Esto explica, en gran medida, los resultados que tenemos de mujeres que dirigen una Secretaría en el Ejecutivo Estatal, el número de magistradas en el Supremo Tribunal de Justicia en Jalisco o de legisladoras en el Congreso. Lo observamos en los siete municipios del Área Metropolitana de Guadalajara, donde sólo uno es gobernado por una mujer, y por el número de regidoras y síndicas.

No hay condiciones de competencia ni piso parejo. ¿Cómo se pide competencias entre mujeres y hombres si a las mujeres no se les permite participar en igualdad de circunstancias?

Por el contrario, las mujeres que se dedican a la política deben enfrentar las barreras del machismo  institucionalizado y abrazado hasta hace poco por los órganos electorales. Lo que para muchos sigue siendo irracional, para las feministas es un logro que la ley garantice el acceso a las mujeres a puestos de elección popular con todos los candados posibles para evitar que los hombres sigan apoderándose de esos espacios.

Esos candados son indispensables para evitar que la tentación del hombre político limita la participación de mujeres que quieren hacer carrera en escenarios favorables a los intereses del partido y donde la tendencia sea positiva frente al electorado. Por ello es que se busca, con toda la legitimidad, que el partido político que tenga una alta posibilidad de triunfo en coyunturas electorales inmediatas, pueda abrir los espacios a mujeres que han hecho esfuerzos por mantenerse y perdurar, a pesar de todos los obstáculos que el mismo sistema les ha impuesto históricamente.

A eso le llamamos acciones afirmativas y éstas tienen una temporalidad.

La investigadora de la UNAM, Flavia Freindenberg, ha explicado muy bien este fenómeno en los sistemas políticos de América Latina y confirma que nuestro país ha tenido un buen avance; pero también reconoce que la génesis de las resistencias se sigue dando al interior de los partidos políticos y mucho tiene qué ver, nuevamente, con la voluntad política.

Cuando no hay esa voluntad, entonces se aplican leyes que fortalezcan el derecho humano de las mujeres a la igualdad sustantiva.

Debo reconocer que Movimiento Ciudadano ha hecho esfuerzos importantes por garantizar este principio porque han sido algunas de sus  legisladoras y regidoras las que han peleado y  tapado la boca a muchos de sus compañeros que se siguen oponiendo a estas dinámicas.

Pero en esta ocasión, Uribe y Lemus se pusieron “de pechito”.

Paul AlcántarPaul Alcántar

Hago análisis. Toma la ciudad. Michoacano en Guadalajara.

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