El uso del lenguaje en la construcción de las noticias

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|Por Araceli Fabián|

No sé si a todos les preocupa -como a mí-, el lenguaje utilizado en la construcción de las noticias; en especial en esta época de tintes violentos en el mundo donde es fácil señalar, acosar y estereotipar a partir del uso que le damos al “lenguaje”, a las “palabras” y a las cosas aceptadas siempre en términos binarios de oposición: lo bueno / lo malo, el exceso / la escasez, el inocente o el culpable etcétera.

Las palabras son parte de la construcción social del lenguaje y el lenguaje es una herramienta fundamental para la comunicación humana, pues nos permite conectar ideas y expresar lo que sentimos y pensamos sobre un hecho, una cultura o condición social; por tanto, es menester de los medios de comunicación y de los individuos pensar lo que se va a decir, lo que se dice y cómo se dice, pues como refería Voltaire: “una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento”.

En este sentido, la construcción informativa de las noticias parte no solo de la interpretación de un hecho, la indispensable contrastación de fuentes y necesaria verificación del dato, sino de la narración del suceso en relación a las palabras, elegidos para informar en torno: al énfasis en cierto sujeto, tiempos verbales, verbos, adverbios y adjetivos calificativos utilizados para describir o explicar un hecho relevante que permita la comprensión y reproducción del mismo, ya sea como una verdad inobjetable o verdad alternativa (tan de moda en estos tiempos).

De esta manera, la construcción de la información parte de la responsabilidad en el adecuado uso del lenguaje de los medios, los periodistas y líderes de opinión al momento de expresar datos relacionados a un acto delictivo, las mujeres, los indígenas, los jóvenes, los manifestantes o inconformes donde es común identificar adjetivos negativos al momento de proporcionar la información, que por razones de obvia inclinación editorial y humana son tendenciosas, aunque pretendan ser neutrales y objetivas.

La palabra que construye

El uso de la palabra para transmitir algún tipo de información, presenta, por lo general, características asociadas al poder del discurso en sí mismo y al poder de la imagen; al poder de quien tiene la palabra, de quien cuenta con información privilegiada, así como a la dominación discursiva y cultural de los medios para imponer ciertos hechos como verídicos o relevantes; clasificar las conductas políticas, sociales o culturales como correctas o incorrectos, lo normal de lo anormal, lo prohibido de lo permitido en su poder de manipulación. Los medios y los líderes de opinión se convierten  pues en jueces a partir del uso inquisitivo que le dan al lenguaje, una preocupación constante de lingüistas, filósofos y sociólogos como Foucault, Bourdieu o Barthes.

Podemos escuchar-leer sobre las féminas o sobre “el presunto” que alude a un extremo cuidado de la palabra (por aquello de las demandas o juicios), podemos escuchar o leer los adjetivos calificativos de vándalos, revoltosos, chairos, feminazis  etcétera que se expresan en las noticias, desde los medios, o se construyen desde las redes sociales, cuyo objetivo es señalar ciertas conductas no permitidas por las instituciones en el poder o simples señalamientos de exclusión hacia quienes defienden ciertas causas o se identifican con ciertas luchas, en resumen, la discriminación y señalamiento lingüístico es constante.

En esta construcción lejos de unificarnos nos dividimos, pues en el seno mismo de nuestra identidad se encuentra el rechazo, la exclusión y la ofensa a quién percibimos como distinto, ya que a toda demostración de reivindicación social se le asigna una connotación negativa o una ofensa cómo si hubiese un único hilo de comunicación permitido, lo que facilita la manipulación informativa desde el enfoque estratégico planteado por Chomsky, en sus “Diez estrategias de manipulación mediática”.

Esta violencia simbólica el hecho de in-visibilizar, de evitar nombrar puede ser tanto directa como indirecta, a partir de elementos verbales o no verbales ya sean signos o gestos que fortalecen y/o debilitan las palabras, los argumentos y los mensajes.

Si realizáramos un análisis sobre el contenido o el discurso de las noticias en distintos medios de información detectamos preferencias ideológicas (políticas, económicas y religiosas) en el lenguaje, que impregnan de manera inconsciente -para- los ciudadanos, una determinada cosmovisión del mundo y de los sucesos que en el acontecen así como de las personas que lo habitan: latinos, europeos, judíos, musulmanes es decir, no es igual el enfoque noticiosos de FOX NEWS que el de Al Jazeera, No se narran los conflictos Occidente –Medio Oriente desde el mismo lugar, no se construyen las mismas versiones informativas desde Israel que desde Palestina; sin embargo, todos tenemos una opinión al respecto, por lo general coincidimos con las informaciones y el discurso proporcionadas por los grandes corporativos mediáticos Occidentales, lo cual tiene sentido, aunque es cuestionable.

Por su parte, el caso mexicano evidencia sus propios problemas por la uniformidad en la construcción del discurso y del lenguaje, así como por la utilización homogénea de las palabras, verbos y adjetivos al referirse a grupos considerados “problemáticos” para los medios oficiales y concesionados de radio y televisión, donde la información es deficiente, tendenciosa y maniquea con un lenguaje forzosamente binario entre lo bueno y lo malo, el exceso y la escasez, los inocentes o culpables.

AraceliAraceli Fabián
Académica y estudiosa de la comunicación,
los fenómenos sociopolíticos y  el periodismo.

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