Venzor

Quizás fue la casualidad la que puso a Antonio Venzor Castañeda en la posición de fundador de proyectos, pero no estoy tan seguro. Más bien pienso que él mismo se aventuraba en asuntos que le parecían interesantes aunque de entrada no tuvieran un futuro suficientemente claro. Había cosas que, simplemente, lo atraían y se lanzaba a ellas por puro instinto. El día de su velorio varios amigos ahí reunidos hacíamos un recuento incompleto de sus múltiples trabajos pioneros: fue fundador del STAUDG, el sindicato de la Universidad que agrupa a los trabajadores administrativos y del cual fue el primer secretario de organización; estuvo en el equipo que fundó la FIL, donde fue editor del periódico informativo “El Cuadratín”, formador de muchos jóvenes aspirantes a periodistas; fue el primer editor de la sección cultural de Siglo 21, el diario que revolucionó el periodismo de Guadalajara; inició el suplemento Paraísos Terrenales en el diario El Occidental; estuvo en el equipo que comenzó la revista cultural Señales de Humo, en Radio UdeG.

Pero además, desde su llegada a Guadalajara en 1973 su currículum laboral fue acumulando experiencias: trabajó en El Informador, en el Departamento de Bellas Artes de Jalisco, en el Departamento Editorial de la UdeG, en el Colegio de Jalisco, en la Muestra de Cine Mexicano, en la Comisión de Cultura del Congreso de Jalisco, en la Rectoría General del UdeG.

Pero en todo caso, si algo lo definió profesionalmente fue su interés por la cultura y el periodismo. Era un aferrado de la corrección en la escritura y amante de la lengua española. Se esmeraba siempre en transmitir a sus muchos aprendices la necesidad de redactar y escribir bien.

Toño Venzor murió el pasado 30 de mayo, el mismo día en que Radio Universidad celebraba su cumpleaños 43. Vaya puntería: Antonio trabajó en esa emisora como jefe informativo y editor de cultura del área de noticias y en la revista cultural que ya mencioné antes. El festejo de la radio fue, pues, agridulce, como también lo fue la relación de Venzor con la radio: a algún efímero director le pareció que sus servicios eran prescindibles y ya no le renovó el contrato, por lo que tuvo que buscarse otros caminos en aquel 2007. La puntería, en todo caso, la tuvo desde que nació: cumplía años el 1 de enero, día de asueto que Venzor aprovechaba para recibir en su casa desde temprano a quien quisiera saborear el pozole que preparaba sin falta.

Era un sibarita, la cocina le encantaba y en ello era audaz, ecléctico y no dudaba en combinar ingredientes aparentemente incompatibles para lograr platillos casi siempre deliciosos.

Venzor era un chihuahuense que nunca perdió del todo el acento norteño y con frecuencia se refería con orgullo a su tierra de origen. Cuando le preguntaban: Toño, ¿ese es queso chihuahua? respondía con agilidad: ¿qué, hay de otro?.

A su aspecto bonachón contribuían, sin duda, su estatura y su corpulencia, si bien la salud lo obligó en los años recientes a ser cuidadoso con su dieta y bajó de peso. Me temo que sufrió un poco por tener que someterse a privaciones alimenticias. Era de risa fácil y tenía gran sentido del humor. Su discípula y amiga Vanessa García, escribió hace unos días que entre los mejores abrazos que ha recibido en su vida estaban los de Venzor, transmisores de tanto cariño y protección. Cariño que se manifestó con claridad en las redes sociales cuando circuló la noticia de su muerte. Una operación aparentemente sin mayores riesgos pero que se complicó posteriormente, fue la causa. Tenía 65 años. Quienes lo conocimos como amigo y colega lo vamos a recordar y, claro, a extrañar.

Alfredo Sánchez
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Músico // periodista // hombre de la radio

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