Un viaje por la biología evolutiva

De acuerdo con el libro Sexo, tiempo y poder (Editorial Océano, 2011), del doctor Leonard Shlain (Estados Unidos, 1937-2009), es en la sexualidad de femenina donde se halla “la clave” para poder entender la aparición de lo que conocemos como homo sapiens, hace aproximadamente 150 mil años, en nuestro planeta; esto es, que si se estudia la biología evolutiva se descubre la importancia de los cambios orgánicos y de ingesta dietética (debidos a lo que se denomina “necesidades adaptativas”) que, con un gran acento en la sexualidad, propiciaron el desarrollo de una serie de factores de carácter social que trajeron como consecuencia, tal como se aprecia hoy día, la caracterización del ser humano como ente “particular” dentro de la naturaleza.

Así, primero que nada, aunque el propio Shlain –en la introducción del libro– alega que buscó ser “sencillo” respecto de su lenguaje expositivo, justo es decir que no todos los lectores de este volumen tendrán una tarea fácil para llegar al tuétano de sus argumentaciones; es decir, sin que represente un obstáculo excesivo, su prosa sí “retrasa” seguir las constantes referencias, ejemplos y datos con los que este médico cirujano deja entrever la dimensión de un trabajo de muchos años en los que buscó apoyarse en diferentes disciplinas para llegar a este resultado (se considera, de hecho, su trabajo último pues, como se sabe, Shlain falleció en 2009 y esta obra apareció en español dos años después).

De acuerdo con la investigación de Shlain, una serie de cambios en el cuerpo femenino y la progresiva conciencia de lo que tales transformaciones significaban, provocaron algunas consecuencias –inesperadas, de acuerdo con la “lógica” biológico-evolutiva– en el desarrollo del ser humano y se relacionan directamente con muchas de las peculiaridades biológicas, sociales y culturales que nos distinguen del resto del reino animal.

En este sentido, las primeras indagaciones del médico-investigador se centran en cómo afectaron los cambios fisionómicos a la mujer –o, como la nombra, gyna sapiens– en cuanto al parto, la pérdida constante de sangre durante la menstruación y las deficiencias de hierro que ello ocasionaba en el organismo, además del modo en cómo todo ello afectó, especialmente, el proceso de gestación; esta serie de diferencias significativas trajo como consecuencia, asimismo, cambios en la socialización, la convivencia e, incluso, la sexualidad de nuestra especie, al punto en que la hembra humana terminó por convertirse en la primera en “superar el impulso sexual instintivo” y adquirir “el poder de negarse a practicar el sexo durante la ovulación” (proceso que, además, se “ocultó” ante el género masculino).

Esta serie de eventos y procesos, afectaron decididamente las características que definen al individuo, así como conceptos relacionados con el tiempo y el poder; algo que se dio no solamente como resultado de una elucubración intelectual, sino que pudo ocurrir también gracias a la experiencia “física”, lo que da pie a que puedan establecerse conexiones entre fenómenos tan diversos como la menstruación, el ciclo lunar, el sexo, la muerte, el amor, la conciencia de la finitud, la paternidad, la misoginia o las sociedades patriarcales, entre muchos otros.

Por esto y mucho más, adentrarse en las páginas de Sexo, tiempo y poder puede ser apasionante, aunque debe tenerse la paciencia suficiente para ir siguiendo de forma puntual las indicaciones que el autor va marcando como evidencia en notas a pie de página y referencias documentales obligadas. Eso sí, se trata de una lectura que cada cual deberá realizar bajo el riesgo de poner en juego las ideas que se tengan respecto de la clase de procesos sociales y biológico-evolutivos que se han mencionado (apenas); pero eso es algo que –sin duda– será siempre valioso.

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