Un viaje lleno de recompensas

Para el conocido escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, un novelista escribe ensayos para “descubrir y trazar los límites de sus conocimientos y la forma de sus certezas”; lo anterior, en el prólogo de su más reciente libro, Viajes con un mapa en blanco (Alfaguara, 2018), se da como consecuencia de la serie de preguntas que surgen a partir de otra de sus afirmaciones, a saber, que los seres humanos no hemos inventado esta forma de relatar historias sino que, por el contrario, “es la novela la que nos ha inventado a nosotros”.

Las sentencias antes referidas conforman una descripción básica de esta reunión de textos donde Vásquez, a lo largo de los últimos años, ha reflexionado acerca de la novela y su desarrollo a partir de la publicación de El Quijote (1605) por parte de Miguel de Cervantes, considerada la primera novela “moderna” en Occidente; y no solo eso, explora asimismo sus propias nociones y la manera en que la evolución de sus obras narrativas da cuenta de los cambios que han sufrido sus “ideas” sobre este género literario, a partir de sus lecturas y su trabajo.

Así, con base en lo que dice Elizabeth Costello –personaje de J. M. Coetzee– respecto de la novela como un “intento por comprender el destino humano casi por caso”, el colombiano define la condición de las personas como un “mapa en blanco” que los lectores somos capaces de recorrer gracias precisamente a la novela, “ese continente misterioso” al que nos dirigimos porque se trata de “un territorio que nunca ha sido explorado” y, además, nos invita a abordar su escritura para realizar un viaje siempre es de “descubrimiento”.

En estos términos, la empresa de Vásquez no se verifica sin acudir a sus ejemplos más caros, las obras de aquellos escritores que han significado para él la “cartografía” que define su labor; por ello no solamente vemos desfilar por estas páginas numerosos comentarios y anécdotas que refieren a narradores como Carlos Fuentes, Onetti, García Márquez o Mario Vargas Llosa, también desfilan en su nómina de citas y referencias los rusos del siglo XIX (Dostoievsky y Tolstoi), Kafka, Joyce, Proust, Faulkner, Walser, Orwell, Sebald o Joseph Conrad (de quien no sólo escribió una biografía sino que, también, tomó como base para una de sus primeras obras un personaje y la geografía ficticia de Nostromo).

De este modo, si algunos párrafos de Joyce hacen posible para el colombiano desvelar ciertas formas de la poesía en la escritura narrativa, en Cervantes rescata la actualidad de su ironía y, de la mano de El corazón de las tinieblas, nos adentra en la oscuridad de personajes como Kurtz y Marlow, dos rostros complementarios que “nos seducen” gracias a sus encuentros sucesivos con el Mal, ese espejo que nos ofrece claves para comprendernos cada vez más y mejor.

Finalmente, Juan Gabriel Vásquez no desaprovecha la oportunidad para dejar ver que la novela no se encuentra a salvo en una época como la actual, en la que “los nuevos tejidos virtuales” ya afectan nuestra comprensión la sociedad, a la que define como “un tejido de relatos” cuyo valor y su apreciación se tornan cada día más complicados, de modo que el “acto de recordar” se nos vuelve “resbaladizo”, proclive a condicionarnos ante nuestras lecturas del pasado. Por eso creo que este es un libro al que, como lectores, debemos acercarnos, pues se trata de un viaje de no pocas recompensas.

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