Volver a dar gato por liebre

Conjunto de Artes Escénicas
El 29 de octubre de 2010, autoridades de la UdeG presentaron el proyecto del Conjunto de Artes Escénicas. (Foto José María Martínez)

|Por Juan José Doñán|

La emergencia nacional, ocasionada por la seguidilla de acontecimientos desastrosos que tienen a buena parte de nuestro país en las ruinas y con centenares de muertos, muy explicablemente ha hecho que pasen casi inadvertidos sucesos recientes que nos incumben de manera particular a los habitantes de la comarca tapatía.

Uno de esos sucesos es el anuncio hecho el fin de semana pasado por autoridades de la Universidad de Guadalajara, que habla de la “inminente” inauguración de una más de las piezas inmobiliarias que formarán parte del pretendido Centro Cultural Universitario de dicha casa de estudios.

La pieza de marras y cuya apertura está programada para el próximo sábado 21 de octubre, es el llamado Conjunto de Artes Escénicas (CAE) que, según datos oficiales, acabará teniendo un costo de 1,433 millones de pesos, es decir, más del doble de lo que se habría pagado por la hechura del Auditorio Telmex.

Cualquier gasto hecho con dinero público sólo se justifica cuando los beneficios (directos e indirectos) para la sociedad son patentes y siempre que no se desatiendan necesidades verdaderamente esenciales. Pero por desgracia esto no ha sucedido con la mayoría de los desembolsos que se han hecho en la UdeG a nombre de la cultura.

En el caso particular del Auditorio Telmex, que está cumpliendo diez años, así como del vecino Conjunto de Artes Escénicas, a punto de estrenarse, la sumatoria de su hechura sobrepasa los ¡2 mil millones de pesos! Y ello sin considerar el costo del terreno, que el gobierno federal entregó en donación a la UdeG, a principios de los años setenta, con el fin de que dispusiera de una reserva territorial para su crecimiento como institución educativa, pero no, por cierto, para que se convirtiera en promotora de espectáculos y menos de corte comercial como los que hasta ahora se han venido presentando lo mismo en el mencionado Auditorio Telmex que en el Teatro Diana, que igualmente maneja la nomenklatura udegeísta.

Por lo que respecta a los fondos públicos que se emplearon para la construcción de todos esos inmuebles, incluidas ahora las cuatro salas del CAE, es evidente que ese dinero de los contribuyentes pudo haber tenido un destino mucho más racional. Y ello por varias razones. En primer término, porque las prioridades de una universidad –y máxime cuando se trata de una de carácter público, que funciona con el dinero de los contribuyentes– deberían estar encabezadas siempre por la enseñanza y la investigación, áreas sustanciales que, por más que los jeques universitarios traten de disimularlo, en la UdeG han venido enfrentando serios rezagos y contratiempos, lo que se explica en parte en el habitual desvío o regateo de recursos económicos, muchos de los cuales han ido a parar a las llamadas empresas parauniversitarias, que regentea deficitariamente conocido ex rector de esa casa de estudios, que responde al nombre de Raúl Padilla.

El otro aspecto que pondría en evidencia el gasto oneroso y poco racional en infraestructura destinada, presuntamente, a la promoción de las manifestaciones artísticas e intelectuales, es que en el fondo de todo ello ha habido una grosera engañifa, pues aun cuando los inmuebles y demás infraestructura fueron concebidos como de naturaleza cultural, en la práctica han cumplido más bien funciones faranduleras.

La excepción serían las nuevas instalaciones de la Biblioteca Pública del Estado, ya que el resto de los inmuebles ha estado dedicados predominantemente al show business. Y, por desgracia, no hay nada que haga pensar que vaya a ocurrir algo distinto con el anunciado CAE.

Por principio de cuentas, cabe preguntarse qué cosas se van a presentar habitualmente en la sala de conciertos con capacidad para 1,800 personas, cuando, a diferencia de la UNAM, la UdeG no cuenta con una orquesta sinfónica u otras agrupaciones artísticas establecidas y menos de un atractivo nivel de calidad. ¿O será que el plan de las autoridades universitarias será ponerla en renta? ¿O, como ha venido sucediendo en el caso del teatro Diana y también del Auditorio Telmex, se está considerando la posibilidad de confiarle su manejo y su programación a una conocida filial de Televisa, de nombre Ocesa y cuya especialidad es el entretenimiento más inane?

Por lo pronto, el mandamás de la UdeG (¿eres tú, Raúl?) anuncia la inauguración del CAE con una “gala de ópera y zarzuela” con un cartucho quemado: el tenor Plácido Domingo, quien con sus sobrados 83 años lleva tiempo en el semirretiro, hasta el extremo de que, en lo que va del presente siglo, su nombre rara vez ha figurado en las producciones operísticas internacionales. Y cuando lo ha hecho ha sido más bien como limitado director concertador, o como padrino del concurso Operalia, concebido para buscar nuevas voces para la ópera.

Es en esa condición que vendrá precisamente a Guadalajara, pastoreando a algunos de los ganadores y participantes de Operalia, lo que significa que el Conjunto de Artes Escénicas de la UdeG no va a inaugurarse con un espectáculo operístico de clase mundial, como anuncia los jeques universitarios, sino con una gala oropelesca y de medio pelo, para ofrecer una de las especialidades “culturales” de dichos jeques: dar gato por liebre.

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